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Soltó una carcajada , que no era propia del lugar donde donde se encontraba, y dejó entrever un diente de oro en su cuidada boca.
Mis piernas no aguantaron y me tambaleé de tal manera que acabé sentado en cuclillas. Rasit, con algo de dificultad, hizo lo mismo y me dijo: "Tu padre me dio esto para ti".
Sin levantar la vista, pregunté qué era.
-Cógelo, es una carta, debes leerla. Ella te aclarará todo este asunto.
-¿Asunto?. ¿Qué quieres decir?
- Leela amigo y toma esta es mi tarjeta por si quieres contactar conmigo algún día.
Me beso en la frente y desapareció. Durante una media hora permanecí sentado en el suelo mirando la carta. Cuando tuve el coraje la abrí y la leí.
Me decía en aquel manuscrito lo que me quería, las veces que había intentado enderezarme sin éxito aparente, pero que cuando yo le comenté lo del desierto encontró la manera de hacer que algún resorte saltara dentro de mí. Él había ideado todo aquello: me había puesto un espía que no era si no otro que mi amigo Rasit. Él había ideado lo de Calhaguara y yo había picado como un idiota. Me explicaba todo con detalle, incluso Mohamed Abassi vivía divinamente en su palacete y había conseguido su coche de exposición gracias a mi benefactor.
Y os preguntareis ¿Y la rubia? Pues la rubia no era ni más ni menos que una prostituta rusa con intención de ser actriz algún día que se prestó a desempeñar el papel, y juro que lo bordó. Su interpretación fue de Oscar.
En la posdata mi padre me rogaba comprensión y que me diera cuenta que gracias a él ahora era un hombre digno de llevar su apellido y feliz con la vida que él me había dado.
Arrugué la carta con todas mis fuerzas. Entré en el salón de la casa de mis padres y la tiré a la chimenea, para que ardiera como había ardido mi vida mientras leía las palabras de mi padre.
Cogí mi abrigo y salí al exterior por la parte delantera de la mansión familiar. Me monté en el coche y le dije a Manuel que me diera un cigarro. Éste se extrañó: había dejado de fumar hacía mucho tiempo.
- ¿A donde señor?
- A cualquier prostíbulo
Fin
Estaba destrozado, no podía pensar, mi cabeza estaba llena de ira e impotencia. De pronto agarré una botella de champagne y la lancé con todas mis fuerzas al foco del techo que iluminaba la habitación. Nos quedamos a oscuras y yo tiré de los dos cuerpos hacia mí y grité: “¡Corred!”.
Salimos de la habitación como almas que lleva el diablo. Cruzamos varios pasillos. Yo llevaba de la mano a la mujer de mis sueños y tras nosotros corría Rasit. Llegamos a una gran puerta la abrimos utilizando todas nuestras fuerzas pues era muy pesada. Fuera nos esperaba un gran patio y al final de este una reja que nos conduciría a la libertad, a la realidad de la vida y no a un lugar donde solo el dinero vale no los sentimientos ni el amor ni los valores morales más primitivos, solo el maldito dinero.
Seguimos corriendo y cuando llegamos más o menos a la mitad del inmenso patio unos focos se encendieron y lo iluminaron con luces tan potentes que por unos instantes nos quedamos ciegos.Oímos ruido de disparos, ¡Dios mio! Me agache encima de mi chica intentándola proteger. Levanté la cabeza y vi a mi amigo Rasit en el suelo, completamente desnudo y bañado en su propia sangre.
- ¡Asesinos, hijos de puta que habéis hecho, lo vais a pagar, cabrones lo vais a pagar!
Me levanté desafiantemente y con los brazos en cruz volví a gritar:
- Es a mí a quien queréis. Dejadla en paz. Habéis matado a mi mejor amigo, ahora matarme a mí pero a ella ni la toquéis.
La miré, sus ojos azules estaban llenos de lágrimas, su tez pálida y su pecho rebrincaba golpeado por su corazón.
Volví a oír disparos, y note un dolor frío y agudo en el hombre, me desplomé y giré la cara buscando a mi amada: sus ojos estaban abiertos mirándome fríamente. Acerqué mi mano a la suya para que me la agarrara pero estaba inmóvil. Levanté la cabeza como pude y mi corazón entonces se rompió en mil pedazos: Le habían atravesado su corazón, estaba muerta.
Miré al cielo y grité desgarradoramente mientras mis ojos se llenaban de lágrimas, luego la oscuridad...
Está más que claro, mis queridos, lectores que yo no morí en el suceso, pues os estoy narrando esta terrible historia.
Hoy mi padre ha muerto, tras una larga enfermedad. En su lecho de muerte me dijo lo orgulloso que estaba de mí, cuando había vuelto del desierto en un avión privado y trasladado urgentemente a un hospital.
Me había convertido por fin en una persona responsable. Había tomado la difícil labor de ser el gerente de dos de las empresas de mi padre. Un año después me casé con una preciosa mujer que me ha dado tres hijos, dos niñas y un niño.
Después de sus palabras de alabanza, mi padre murió. Lo besé en la frente, pensando en lo que me había llevado a ser una persona decente. Había pagado un precio muy alto por dejar de ser un crápula.
Dos horas antes del entierro la gente se fue reuniendo en nuestra casa para dar las condolencias. Cuando me encontraba en el porche de detrás de la casa , alguien me cogió del hombro para darme su pésame, con voz fría y automatizada conteste gracias antes de que ni siquiera empezara a dármelo.
Entonces oí un a voz que conocía
- Lo siento mi querido amigo
Volví la cabeza y vi un hombre con cabellos canosos bolsas en los ojos y entrado en carnes, pero lo conocía: era Rasit.
Dí un paso hacia atrás, como si hubiera visto un fantasma.
-¿Rasit? ¿Eres tu?. ¿No habías muerto?
Llaman a la puerta, me levanto y abro.
- ¿Está el señor listo?
- ¿Listo para qué? - pregunté con cara de pocos amigos, después de ver que nos espiaban a todos y por todos-.
- Es la hora de la cena - contesto un hombrecillo con aspecto de viejo usurero de piel oscura, arrugado por el sol cual pasa y algo curvada su espalda como si se hubiera pasado la vida haciendo una reverencia interminable -.
- Por su puesto -respondí -.
- Sígame señor.
Pasamos por varios pasillos con puertas a ambos lados de ellos. El color de sus paredes era de un rosa salmón y las puertas en un blanco marfil, iluminado tenuemente con una especie de antorchas eléctricas que simulaban muy bien a las reales.
Llegamos a un salón redondo. En el centro de la estancia una mesa con la misma forma geométrica, de grandes dimensiones y ocho sillones con apariencia de ser muy cómodos. Encima de la gran mesa de marfil otra mesa, a unos quince centímetros por encima de la otra y que giraba lentamente sobre ella misma. La música suave acariciaba cada rincón de la habitación.
Me senté en uno de aquellos sillones elegido por mí al azar, al cabo de unos momentos llegaron los demás comensales. Los conocía, los había visto en la pantalla de mi habitación. Los tipos eran todos diferentes, el pijo, el sibarita, el listillo, el que parece tonto, en fin supongo que ellos pensarían de mi cualquier calificativo hiriente y seguro que acertarían. Lo que sí puedo decir es que yo era el más joven de todos ellos.
Cuando todos estábamos aposentados, un pequeño ejército de sirvientes comenzó a desfilar con los manjares más suculentos que jamas había visto. Nos sirvieron. Un graciosillo intentó establecer conversación con el resto de comensales, pero fue un acto inútil, nadie contestó.
De pronto la lámpara que hasta ahora había iluminado con luz brillante la mesa desde el centro del techo, comenzó a bajar su intensidad y su luz blanca se tornó tornasol arrojando una variedad de colorido a la plataforma.
En la mesa giratoria había aparecido un joven adonis completamente desnudo de cara aniñada. Su pelo rizado acariciaba el ovalo de su tez morena.
Seguí comiendo, y me fijé que un hombre caucasiano de ojos extremadamente azules, babeaba viendo contornearse al muchacho. El joven acariciaba su pene con la suavidad de unas manos de niño hasta que este se puso erecto. Sus ojos oscuros como la noche miraban dulcemente a los que estábamos allí.
No comprendía la situación así que simplemente seguí comiendo.
Con toda la naturalidad del mundo el hombre que no levantó la mirada del niño, sacó un sobre y lo depositó sobre el pene del joven, con una sonrisa siniestra.
Aquello no me producía placer, pero Calhaguara reproducía los sueños más oscuros y secretos de todo aquel que conseguía entrar. Es curioso, a mí nadie me había preguntado qué es lo que yo quería y en verdad ni yo lo sabía. En aquellos momentos mi mente estaba en la preciosa rubia que había conocido en el prostíbulo y lo que sentí al tomarla.
Nuestro caballero encandilado por el muchacho se levantó de la mesa acompañado de un sirviente. Las luces se apagaron durante unos instantes y cuando estas volvieron a lucir nuestro comensal y el jovencito, habían desaparecido, en su lugar había una muchacha negra de grandes tetas, sus pezones oscuros y prominentes, su pelo cortado al cero y una cintura que podía cogerse con las dos manos juntas.
Miré a mi alrededor y todos la miraban, no hubiera imaginado quien se interesaría realmente por ella. Pero cuando esta empezó a acariciarse los pezones y a introducir sus dedos en su vagina me di cuenta que aquel hombrecillo de gafas que anteriormente quiso establecer contacto con el resto, sacaba un sobre pero no lo depositó en la chica hasta que los gemidos de esta inundaron la habitación.
De pronto una pantalla se encendió. Una película porno, pensé. Pero me equivocaba: era el hombre caucasiano con el joven. Desde la mesa podíamos ver lo que le hacía en su habitación. El chico estaba atado con esposas a la pared de cara a ella y el otro le estaba dando por culo. El muy cabrón su polla era más grande de lo que el muchacho podía admitir y gritaba de dolor. El otro lo agarraba del pelo y lo seguía embistiendo. Bajé la mirada. Aquello me incomodaba,
Estaba aturdido. ¿Que significaba aquello?, nadie me había hablado de un sobre. Así que llamé a un hombre de aspecto frió vestido con traje negro, este se acercó y me preguntó lo que deseaba en inglés.
-Nadie me ha hablado de este juego que significan los sobres yo no tengo ningún sobre. ¿Es dinero?. ¿Un cheque?
El hombre susurrando nuevamente, me preguntó si era mi primera vez y asentí.
-Dentro de la bandeja de plata hay un sobre, si le interesa la pieza puede adquirirla depositando el sobre encima de ella.
- ¿Y que tiene el sobre en su interior?- pregunté ingenuamente -.
- Un millón de dólares.
Tragué saliva, había gastado mucho y no sé si en mi cuenta disponía de esa cantidad.
El hombre sonrió y dijo:
- Sabemos que no dispone de esa cantidad a diferencia de sus compañeros de mesa, por lo tanto usted apostará el último y se quedará con la última pieza.
¡Maldita sea! ¿cómo es que nadie me había hablado de aquello?
Poco a poco los comensales fueron cobrando sus piezas una a una. Después de la muchacha negra apareció una mujer de grandes dimensiones no gorda pero si entrada en carnes, otra muchacha flaca muy flaca y demacrada, un hombre negro alto y corpulento, un hombre mayor, una enana…
Cada vez que un comensal salía de la habitación una pantalla de televisión se encendía igual que había ocurrido en mi habitación. Las parejas que se veían en ellas. Eran de lo más dispar: El hombre adinerado de raza negra había pujado por la chica flaca. El pijo por el hombre mayor, a este le gusta que le den, pensé. El que se llevó al hombre de color solo quería ser su sirviente vestido de mujer. Me pareció gracioso, hay gustos para todos pero joder esto parecía de chiste.
Cuando me quedé solo en la mesa. Se volvieron a apagar las luces y al volver a relucir, mi rostro se volvió tan pálido como la mesa de marfil en la que estaba:
En la plataforma apareció la chica rubia de la que había llegado a la conclusión que amaba y Rasit mi mejor amigo. Los dos estaban desnudos uno dándose la espalda al otro.
Me levanté de un salto de la silla.
-¿Es una broma? ¿Qué coño pasa aquí?. ¿A que están jugando?. He pagado mucho dinero para soportar un chiste de esta clase.
Una voz de entre las sombras dijo:
- Cálmese señor, su sueño es tener para sí solo a esta mujer y perseverar la amistad con su amigo. Pero usted no tiene dinero suficiente para adjudicarse el lote entero, así que deberá elegir: O la chica o su amigo.
-Yo ya llegué a un acuerdo con Abassi.
-Siento comunicarle que el Mohamed Abassi ha fallecido y queda anulado cualquier contrato que hubiera adquirido con él.
- Son unos cabrones, quiero que me devuelvan el dinero. Esto es una mierda.
- No se equivoque señor, esto simplemente son sus deseos. Si no elige, ambos serán sacrificados
- ¿Qué? ¿Qué coño está diciendo?. ¿Tengo que elegir quien tiene que morir?
- Lo ha comprendido perfectamente señor. Tiene diez minutos para elegir.
Me desplomé en el sillón, mirando la cara de ambos: Unos ojos azules que me decían que era la mujer de mi vida y otros ojos que me imploraban seguir siendo mi mejor amigo.
¿Qué mierda iba a hacer?
Nos sacaron del avión con suma delicadeza la verdad, yo había pensado en empujones y maltrato.
Estuve caminando un buen rato sin saber la dirección, lo que si noté cuando salí del avión fue un calor sofocante como solo el sol del desierto te hace sentir. De pronto aquel calor se apagó y note el fresco de estar dentro de un edificio, quizás otro palacio, pero tenía la cabeza cubierta y no podía ver el lugar.
Súbitamente me hicieron sentar y al cabo de unos segundos unas manos suaves como la seda me descubrían la cabeza.
Me encontraba en una habitación sin ventanas y sin embargo parecía que el sol la iluminaba, en ella una cama lujosa, en la pared norte en el centro de la habitación una gran bañera redonda a ras de suelo, en la pared sur de la estancia un sofá, un mueble bar con todo aquello que pudiera apetecerme. No sé cómo pero sabían las marcas de mis bebidas predilectas.
En la pared Este, un vestidor con ropaje cómodo, un esmoquin, ropa deportiva y calzado para combinar, todo de mi talla.
En la pared Oeste una habitación con una pantalla panorámica, otro sofá que parecía una cama, una vitrina con todos los objetos sexuales que uno podía imaginar y otros que jamás hubiera imaginado. Un potro para el sexo, un columpio también para el sexo, esposas en la pared y una soga que colgaba del techo. Un equipo de música con altavoces capaces de romper los tímpanos a cualquiera. Y en una pared lateral a esta habitación el WC.
Dos mujeres orientales con atuendos del mismo origen me fueron sacando la ropa y cuando estaba desnudo, me introdujeron en la bañera del centro de la habitación, el agua estaba a una temperatura ideal, las mujeres se desnudaron y se metieron en el agua conmigo.
Abrieron unos tarros, lo que parecía ser alguna clase de gel y comenzaron a extendérselo ellas por todo su cuerpo, me hicieron levantar y una por delante y otra por detrás iniciaron una especie de ritual, donde ellas me frotaban suavemente igual que una esponja marina acaricia el cuerpo de un niño. No medimos palabra entre los tres, simplemente me dejé llevar por el momento y las circunstancias.
Mi falo estaba empalmado de sentir el roce de sus tetas por toda mi piel, de pronto una de ellas empezó a acariciarlo como si de porcelana se tratara, suavemente solo rozaba con las yemas de sus dedos, incluso menos, pero me había puesto como una moto. Cuando mis brazos se alargaron para cogerla por la cintura, darle la vuelta y follarla mientras sentía las carias de la otra, ella sutilmente me esquivó, y subió por los peldaños para salir de aquella bañera llena de instintos primitivos que yo había aportado, para coger una jarra de agua que me tiró por la cabeza, era agua de azar tibia.
Me alargó la mano para salir de la piscina de los sentidos y una vez fuera me hidrataron con aceites aromáticos. Era irresistible tenía unas ganas de follármelas que me moría pero me mordí la lengua para no hacer algo fuera de guión.
Después me secaron con gasas y me llevaron a la cama, hicieron que me recostara y salieron de la habitación con una reverencia.
¡Mierda! - pensé- ¿Y que hago yo ahora con esto?
Cuando empezaba a masturbarme para rematar lo que había comenzado, una mujer entró en la habitación, yo paré de tocármela y pensé "ya no hace falta". Pero ella sin ni siquiera mirarme, se dirigió al vestidor y me sacó un ropaje con el cual debía vestirme.
¡Y una mierda!, esta no se va tan fácilmente como las otras. Así que la agarré del brazo fuertemente y la subí en el potro, ella se resistía pero mis ansias por penetrarla eran más fuertes. La até al potro de pies y manos y cuando vi su coño que ni siquiera estaba dilatado la embestí, no me importa hacerle daño solo la quería follar y así lo hice.
Al principio gritó pero pronto su grito se trasformó en gemidos y yo seguí con mis embestidas cada vez más fuertes y más rápidas hasta que me corrí. Una vez acabada la faena la dejé marchar.
Me puse la ropa que me había dejado sobre la cama y después me senté en el sofá, enfrente la pantalla panorámica con un vaso de JB en vaso largo. Encendí la pantalla y me vi a mi mismo como momentos antes me había tirado a la chica.
¡Joder! - exclamé- Aquí te graban todo lo que haces.
Estaba cabreado así que cambié el canal.
¡Sorpresa!, podía ver todo lo que pasaba en cada una de las habitaciones de los que me parecieron el resto de invitados.
Me reí de la cara de alguno de ellos, había todo tipo de caretos, pero…..
¿Y Rasit?
¿Dónde estaba Rasit?.
¡
Alucina!
La residencia de nuestro amigo, Abassi eran más impresionante que su guardaespaldas: Un lujoso patio con tres fuentes, palmeras y plantas exóticas. La casa con relieves en sus puertas de madera noble. En fin, un palacio en medio de un pueblo mísero.
Nos hicieron pasar a una habitación para esperar ser recibidos.
A Rasit se le pusieron los ojos como platos al ver tantas riquezas, tallas de marfil de la altura de una persona, juegos de té en oro y plata, alfombras lujosas y mobiliario tallado de ébano. Me llamó la atención un tablero de ajedrez tallado finamente donde las piezas negras eran de azabache y las blancas de platino. La temática de los cuadros eran mujeres y hombres desnudos realizando el acto o en posiciones eróticas.
Me gustaba aquella habitación dentro de lo recargada. Supongo que era para demostrar a sus invitados el poder económico del dueño de la casa.
A los cinco o seis minutos se abrió una gran puerta y apareció un hombre vestido de blanco, gordo, con barba bien recortada disimulando la papada.
- Siéntense por favor queridos amigos, sé que me estaban esperando desde hace tiempo y conozco en que han empleado ese tiempo.
Soltó una carcajada y su estómago se movió hacia todos los lados
Rasit me miró y me hizo ademán de que lo dejara hablar a él. Una tontería, porque aquel hombre hablaba perfectamente el inglés, idioma que yo dominaba. Pero le dejé hablar.
- Sr. Abassi nos han mencionado que usted podría guiarnos hasta Calhaguara. Por un precio claro está - se apresuró a clarificar Rasit-.
Nos miró durante varios segundos sin decir una sola palabra. De repente dio dos palmadas al aire y un sirviente se apresuró a entrar en la estancia.
- ¿Desean beber algo?
- Yo un té, señor - contestó Rasit -.
- ¿Y usted amigo?
- Un JB
Rasit me hizo un gesto con la cara para indicar que no pidiera alcohol.
-Por supuesto amigo, tengo alcohol para mis invitados.
El sirviente salió de la habitación haciéndole una reverencia como si de un rey se tratara.
Y nosotros seguimos conversando.
-¿Que me podrían ofrecer ustedes que ya no tenga? - susurró en voz baja Abassi - Tengo riquezas de todo tipo, pero………Quizás y solo quizás si pudieran obsequiarme con algo que falta en mi colección…..
Rasit y yo miramos a todos los lados de la habitación.
El gordinflón volvió a reír desmesuradamente
- No, no. Yo me refiero a una pieza única que con todo el dinero que poseo no he podido conseguir: Un auto.
- ¿Un auto? - preguntamos al unísono mi amigo y yo-.
- No es un auto, es una joya
- Perfecto. ¿Que coche necesita? – inquirí.
Moviendo la mano cual abanico, me indicó que me acercara y me susurró al oído la marca y modelo que quería. No voy a hacer propaganda de este pero solo diré que es un deportivo y solo lo tienen personas perfectamente elegidas y no por tener mucho dinero entras en sus baremos.
Entró el criado con las bebidas.
- De acuerdo, yo se lo conseguiré de primera mano.
La cara de Mohamed Abassi se iluminó cual farolillo rojo.
-Solo una condición: Déjeme comprar a la chica rubia.
-Si me consigues el coche te regalo a esa prostituta. Ya no me sirve para nada, ha cumplido los 18 y a mí me gustan más jovencitas.
De mi boca estuvo a punto de salir que era un hijo de puta, pero me contuve.
- Cuando yo tenga mi coche tú tendrás a tu rubia.
Prosiguió:
- Del asunto de Calhaguara en el momento que depositéis en una cuenta en Suiza la cantidad que ahora os diré, se os abrirán las puertas.
La cantidad era importante pero yo disponía de ella.
Al día siguiente ordené a mi banco dicha transferencia y encargué el coche que tanto ansiaba.
Dos días más tarde de nuestra primera reunión, volvimos a su casa para ultimar los detalles el viaje.
Nos ofreció bebidas que por supuesto no rechazamos y cuando nos dimos cuenta estábamos en un avión con la cabeza tapada y las manos esposadas.
- ¿Qué mierda pasa? ¡Nos han engañado!. ¡Rasit! !Rasit! - dije gritando -.
- No, no, no grite mi querido amigo, usted ha cumplido con el trato y simplemente le estoy llevando hacia su sueño: Calhaguara.
-¿Y por qué tengo que estar maniatado?
-Amigo, el lugar es secreto, sólo unos pocos lo conocemos y queremos que siga así.
Me tranquilicé cuando oí la voz de mi amigo Rasit, que se estaba despertando como yo lo había hecho momentos antes.
-Abassi, cuénteme la historia de la rubia.
-Mi querido amigo, esa mujercita es la hija de una mujer extranjera que tuve como concubina hace 18 años. Era rubia como ella, sus ojos azules como el océano y blanca como la porcelana más fina. Pero murió al dar a luz. Así que cuando tuvo edad suficiente para poseerla, lo hice.
- ¡Pero era su hija!
Riendo - Sí se habrá fijado que tiene mis ojos.
- ¿Y cómo pudo?
-Hijo mío el deseo carnal puede con todo. Ahora será tuya y podrás hacer lo que quieras con ella.
Y se hizo el silencio. La repulsión que sentí ante esta confesión, hizo que permaneciera callado durante el resto del viaje.
No sé si me había enamorado de aquella mujer pero no quería que la tocara nadie, excepto yo. Soñaba con sus pechos, con su pubis, con su boca. Ella era diferente, le había hecho el amor, no como a las demás que solo las había follado.
De pronto sentí como tomábamos tierra.
¡Habíamos llegado a mi sueño!
Este es mi último relato sobre el único prostíbulo de la ciudad.
Como recordareis aquellos que siguen mi historia, solo escribiría sobre los tres recuerdos más intensos que tuve en aquel lugar.
Después del puñetazo que propiné a mi amigo Rasit, estuvo durante un tiempo algo esquivo conmigo, pero como yo era el que tenía el dinero se le pasó relativamente pronto. Al día siguiente se olvidó del incidente, en el momento que dije que me iba al prostíbulo, sabía que sin mi no lo dejarían entrar.
Pues bien, en aquel pueblo no había nada que hacer y entramos en una absoluta monotonía hotelucho-cafetín-prostíbulo y otra vez al hotelucho.
Un buen día por la mañana, nuestras deplorables vidas se iluminaron: El conserje nos anunció que Mohamed Abassi había regresado de su viaje y que nos recibiría al día siguiente a las 11 de la mañana.
Rasit y yo nos volvimos como locos y por supuesto para celebrarlo aquella noche nos fuimos al prostíbulo a pasarlo en grande.
Ja ja ja ¡¡Y tan grande!!
Nos mostraron otra vez las chicas, las habíamos probado a todas solo faltaba la gorda.
- No me jodas Rasit, la gorda no, tío.
- ¿Por qué no? Es una mujer hermosa y si tú no puedes solo yo te puedo ayudar.
- Que hagamos un trio con la gorda? - Mis risas se oyeron por todo el pueblo -.
-Si amigo es algo que no hemos probado, podemos pasarlo bien y… - poniendo carita de pena - ¿que va a pensar de nosotros? hemos tomado a todas repetidamente excepto a ella.
- ¡Joder Rasit eres un cabronazo!. Está bien, dile al viejo que por fin se va a salir con la suya.
Poco después entramos en una habitación igual que la primera en la que entré, en realidad igual que todas, excepto la de la rubia.
Ella fue a encender incienso como hacían siempre y cuando me di la vuelta hacia la cama, mi amigo ya estaba desnudo encima de ella y con la polla más dura que una ganzúa de hierro.
- ¡Joder tío! ¿Qué pasa?. A ti la gorda te gustó de un primer momento, y no me digas que no.
Yo por mi parte me desnudé y me tumbé encima de la cama acompañando a mi amigo.
La muchacha puso música, algo que me sorprendió, pues las demás habían prescindido de ella y creo que la música estimula el sexo.
Su cuerpo empezó a contonearse de tal forma y tan sensualmente que jamás hubiera pensado que una tía de más de 100 kg me la pusiera gorda. Siguió bailando y sacándose poco a poco las gasas de sus ropas. Rasit babeaba y yo esta alucinando.
Cuando se quedó completamente desnuda, sus carnes sudorosas por el baile se fueron acercando a nosotros y en un momento me la encontré chupándole la polla a mi amigo: Se había puesto de rodillas y justo sus posaderas en frente de mi cara. Me puse de rodillas para follarla por detrás y fue una gozada, me equivoqué de agujero y se la metí por el culo, mi polla estaba apretada dentro de ella, fui moviéndome poco a poco, y ella gemía cada vez más fuerte y es que mi amigo le estaba chupando el coño. Le agarré sus inmensas tetas, estrujándolas, incluso le día varios azotes en el culo como si fuera un vaquero montando un toro, cada vez gozaba más y ella se retorcía de placer. ¡Que enculada!.
Pero no acabó la cosa así corriéndome y ya está. Nooooo
Ella se tumbo boca arriba y mientras mi amigo la follaba como un poseso yo me puse de rodillas encima de su cara y me la chupó tan salvajemente que al poco rato me corría otra vez esparciendo mi semen por su rostro que ella recogía con la lengua, cual manjar se tratara.
Esa noche no volvimos al hotel nos quedamos dormidos entre sus tetas y, cuando nos despertábamos, la volvíamos a follar como si fuera la primera vez, pero intentando posturas más enrevesada y más salvajemente: Incluso la atamos de pies y manos mientras que uno la penetraba el otro miraba como se retorcía de placer fumándose un cigarrillo en un como sillón enfrente del tálamo.
En verdad aquella mujer se ganó nuestro respeto y nuestra adoración. Habíamos disfrutados como dos perros en celo.
A las nueve de la mañana más o menos nos vestimos rápido para ir al hotel, asearnos y vestirnos, ya que a la cita de las once no podíamos llegar tarde.
Ya en la puerta del hotel un hombre de piel negra, de casi dos metros de altura y vestido con traje, nos estaba esperando en la recepción. Rasit, al verlo, le preguntó si nos estaba esperando y el asintió con la cabeza, pero de su cara no se movió ni un músculo.
- Pero es muy temprano, el Sr. Abassi dijo a las once.
Y el sirviente contestó impasible: ni un minuto más ni uno menos.
Corrimos a nuestras habitaciones y en menos de 15 minutos estábamos de nuevo en recepción limpios, vestidos, peinados y oliendo a gloria.
Fin del segundo capitulo
El hotel donde nos alojábamos estaba al lado del cafetín, no era nada del otro mundo pero estaba limpio.
Me gustaría relataros cada día que pasamos en el prostíbulo, pero creo que os aburriría. Por supuesto que el sexo no es aburrido, pero hay que seleccionar y eso es lo que yo voy a hacer:
De mis corridas en el prostíbulo tres de ellas me marcaron, una fue la mamada del primer día y esa ya la he narrado.
La número dos fue en una noche muy bochornosa: hacía un calor insoportable. Como siempre llegamos sobre las diez de la noche a la Casa de Calandra. Otra vez el viejo nos ofreció el té con ramilletes de hierbabuena y, como no, después de un rato de charla, volvieron a desfilar nuestras diosas.
Aquella noche había más gente que la de costumbre, supongo que por culpa del calor . No se podía conciliar el sueño, así que el mejor remedio es un buen polvo y no me digáis que no. ¿Cuantas veces vosotros si no habéis podido dormir os habéis hecho una paja y a los cinco minutos estabais roncando a pierna suelta?
- Rasit, comunícale a tu amigo que no pienso repetir mujer, que si hoy tiene muchos clientes nosotros somos los Vips, ya que cada noche venimos y le dejamos mucha pasta, así que dile que se estire.
Mi amigo habló un rato con el viejo y después éste se levantó de la mesa y me dijo que le acompañara.
Llegamos a una estancia que no había visto nunca. La alcoba era redonda y en el centro había una cama de la misma forma, con sábanas de seda negra. No había ventanas solo velas en el suelo rodeando las paredes y que iluminaban tenuemente la habitación.
Sentada encima de la cama una mujer desnuda, de tez blanca, de ojos verdes y cabello rubio.
-¿Que es esto?...¿Una rubia?
- Del Riff, señor
¡Mira por donde el viejo balbuceaba mi idioma!
-¡Pero es una niña!..¡Como te atreves viejo decrépito! Yo no voy con niñas.
- No señor, no niña ella no. Ser la preferida de Mohamed Abassi.
Se hizo un silencio. El viejo me empujaba a entrar y yo me moría de ganas por hacerlo. A los dos minutos estaba desnudo encima de la cama con ella. Era preciosa, sus ojos me encandilaron de tal manera, que esta vez no la quería follar como a cualquier puta, la quería venerar, hacerla sentir lo que sentiría una diosa, ser el perfecto amante, un caballero…..
El cabello le llegaba hasta la cintura: eran hilos dorados suaves y sedosos. Empecé las caricias por su cara, por la comisura de sus labios. Ella me miraba fijamente con una media sonrisa que no sabía descifrar.
Seguí bajando por sus pechos, y fijaros que con ella no utilizo la expresión de tetas, sería obsceno por mi parte. Al acariciar sus pezones, apoyó sus manos en la cama por detrás de la espalda tirando la cabeza y su larga melena hacia atrás y entre abrió sus piernas. ¡Dios me estaba volviendo loco!
Seguí acariciándola y cuando llegué a su monte de Venus mis dedos lo recorrieron con la misma suavidad que una madre acaricia la cara de un niño. Estaba húmeda, tan húmeda que mis dedos resbalaron hasta penetrarla, entonces ella gimió y yo me moría de placer al oírla. Seguí moviendo mis dedos poco a poco, sin pausa, pero sin prisa, mi mano chorreaba flujo tibio que me hubiera encantado beber.
Ella seguía gimiendo, y de repente se tumbó en la cama, para que la tomara, lo hubiera hecho pero quería más, quería que ella gozara. Por primera vez en mi vida no pensaba en mí. Le saque los dedos y me los metí en la boca, su sabor era afrodisiaco ni dulce ni ácido, tibio y amelado.
Me tumbé encima, ella me miró pensando que la penetraría pero yo me abaje hasta su cara y la bese en su boca entre abierta, en sus ojos, en su cuello y después baje hasta sus pecho de aureola rosada y de pequeños pezones duros y erguidos, los lamí, los succioné, los mordisqueé con dulzura.
Ella seguía gimiendo cada vez más fuerte yo ya no resistía más y la penetré pero no como lo hubiera hecho con cualquier otra, lo hice despacio haciendo que mi pene resbalara suavemente al introducirse y después, del mismo modo que había entrado, saliera.
Su cabeza se movía de un lado al otro, vi como apretaba con fuerza las sabanas, estaba llegando al éxtasis y mi polla comenzó a sentir las contracciones de su orgasmo y me corrí a la vez que mi diosa.
Me acosté a su lado y puse mi mano en su pecho, el corazón le latía a cien, su cuerpo aún temblaba la abracé con todo mi cariño hasta que se durmió.
Después salí de la habitación. Allí estaba Rasit esperando su turno.
Dándome un empujón, pues habiendo estado mirando lo sucedido, quiso entrar. Lo agarré del brazo para que no lo hiciera.
- ¡Déjala en paz! está dormida.
- ¡Ya la despertaré yo! No te preocupes a esa puta también me la follo yo
Y tal como dijo eso le metí un puñetazo que lo tiré al suelo.
Rasit me fulminó con la mirada, mientras se limpiaba la sangre de la comisura de sus labios.
- Escúchame y escúchame bien: No quiero que la toque nadie ¿te enteras? Llama al viejo, hasta que no venga su amo, yo pagaré todos los días para que ella esté libre de cualquier mierda como tú o como yo. Y esto no te lo digo como amigo.
(Continuará...)
Después de una noche inolvidable con aquella mujer, Rasit y yo recogimos y nos marchamos del campamento que tan bien nos había acogido, sobre todo a mí.
Una vez en el coche, yo me encontraba absorto en las imágenes de aquella linda muchacha, hasta que oí a mi amigo gritando mi nombre.
-¿Que ocurre Rasit? ¿Por qué coño me estás gritando?
-¿Se puede saber dónde estás? Preguntó mi amigo – Hace diez minutos que estoy hablando solo como un idiota en el coche. ¿Ya no te importa dónde vamos? ¿Ni quien va a ser nuestro guía?
-Carajo, se me olvidó, perdona tío, soy todo oídos
Rasit, con una deslumbrante sonrisa en la cara, alardeó de sus tretas para conseguir la información. Pero yo le corté tajantemente. Mi amigo era dado a alardear de cualquier cosa y no estaba dispuesto a escuchar sus memeces, hoy no.
-Al grano Rasit que me duele la cabeza, no me fastidies.
-Bueno, Bueno está bien. Tenemos una dirección y un nombre, Mohamet Abassi y la ciudad "Boumalen" en el Valle del Dadés.
¡Me fascinó!
La ciudad de Boumalen era lo más parecido a lo que uno podía imaginar en las historias de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Rodeada de montañas desérticas y rojizas, las casas también arrojaban ese tono por estar hechas con adobes. No puedo explicar cómo me sentí en aquel momento, pero fue genial.
Llegamos a lo que parecía ser el centro del pueblo y Rasit bajó del coche, para preguntar por el individuo al cual debíamos ver. Entró en el cafetín y al cabo de unos minutos salió sonriendo, buena señal pensé, pero las noticias no eran tan buenas como yo creía.
El tal Mohamet Abassi, era un ricacho que vivía en la mejor casa del pueblo, situada en lo más alto de la calle principal. Buena noticia pensé, la mala es que no se encontraba allí.
-¿Cómo que no está?. ¿Se ha marchado de viaje?. ¿Se ha muerto?. ¿Qué?
Como buen amigo, Rasit intentó calmarme, y, como no lo conseguía, me tapó la boca y me gritó:
¿Quieres hacer el favor de no ponerte histérico? Se marchó hace unas semanas para comprar mercancías y se supone que dentro de nada volverá. No es un hombre que le guste descuidar sus negocios.
-Mierda, mierda y mierda –repliqué-. ¡Joder! Podemos estar varados aquí semanas.
No se podía hacer mucha cosa en aquel pueblo, así que nos dedicamos a recorrer los prostíbulos y los cafetines de la ciudad, digo los prostíbulos pero en realidad solo había uno y propiedad de Mohamet Abassi, como casi todo en aquel sitio.
Quizás mi lenguaje les resulte obsceno, para relatar los días que pasamos con aquellas mujeres, pero no seamos falsos, los hombres por lo menos casi nunca hacemos el amor, follamos. Nunca hablamos de nuestro pene si no de nuestra polla, no acariciamos los pechos de una mujer, si no sus tetas y un gran etc. Así que al pan, pan y al vino, vino.
Cuando llegamos por primera vez a la "Casa de Calandra", que era el nombre del prostíbulo, me imaginé o lo relacioné con aquellos en los que yo había estado en mi país, sin percatarme de donde me encontraba.
Nos hicieron sentar en una sala alfombrada, nos ofrecieron té con ramilletes de hierbabuena, tabaco y otras substancias, que yo no probé, pero que a mi amigo lo volvieron loco.
Al cabo de un buen rato empezaron a desfilar mujeres que parecían odaliscas envueltas en tejidos de gasa de diferentes colores y semitransparentes. Todas parecían jóvenes y con cuerpos que le quitarían el hipo a más de uno y, entre ellas, una mujer que aún cuando sus rasgos eran delicados a su cuerpo le sobraba 100 kg. por lo menos. Rasit al verla le dio la risa tonta y yo le tuve que propinar un codazo para que se callara. El viejo anfitrión se sonrió y nos dijo "Ya la probarán, ya la probarán"
-¿Bueno cual eliges amigo?
Rasit, sin pensarlo dijo: “La de verde que es mi color preferido ¿y tú?”
-Tío menos la gorda me da igual, la de blanco mismo.
A los 5 minutos me encontraba en una alcoba con motivos propios de la tierra en la que estábamos. La mujer se desvistió de sus ropajes, era maravillosa. Su tez morena, sus ojos almendrados y negros, su larga melena, sus caderas prominentes y unas tetas impresionantes, duras y erguidas.
Mientras ella encendía un palo de sándalo para ambientar la habitación yo ya me había quitado la ropa. Me tiré encima de la cama y con gestos le hice entender que me la chupara. Estaba cansado y no me apetecía moverme mucho.
Ella se arrodillo a los pies de la cama y me señalo que debía bajar hasta donde ella se encontraba. Y eso hice. Dios que mamada, era una virtuosa chupando un falo, empezó por el culo y subía por los huevos hasta mi polla, una y otra vez, creía que iba a reventar. No quería correrme pero no aguanté más y mi polla estalló en su boca, era la mejor mamada que había tenido en mi vida.
(Continuará...)
1r capítulo
Esto que van a leer a continuación es un pasaje de mi vida.
Actualmente tengo 46 años. Desde pequeño había oído hablar a mis padres de las hazañas realizadas por mi abuelo. Este era un hombre valiente y emprendedor, su titulación: "Militar", comandante para más señas y vivió hasta los 45 años. Su vida fue corta pero intensa. Residió siempre en el Marruecos español, Villasanjurjo, como se le llamaba antaño, ahora Alhucemas, también en Larache, Tánger…
Cazaba jabalís, perdices, pescaba, dormía en cavilas, incluso una vez durmió en casa de un hombre que resultó ser un leproso. Combatió con valentía y un millón de historias más, que se contaban cada año por Navidades. Admiraba tanto a aquel hombre, que mi vida era un sin sentido en comparación a él.
Procedo de una familia que en su día hizo mucho dinero, sobretodo con el negocio de la construcción. Soy el pequeño de tres hermanos, el mayor es el negociante de la familia y el que dirige los negocios de papá. El mediano, “el cerebrito”, ya va por su tercera carrera y yo, la oveja negra. No me gusta estudiar ni trabajar, pero me conozco cada uno de los prostíbulos de mi ciudad, más bien dicho, de mi país. Mientras que mis hermanos fueron bendecidos por la sabiduría y el tesón a mi el Señor me bendijo en la entrepierna: Así que prefería una buena follada a un gran intelecto.
En fin, mi padre estaba desesperado con su tercer hijo y yo, aburrido, necesitaba de algo más que me sacara de mi desidia y con ello no me refiero a lo intelectual sino a lo más real, no nos engañemos: a lo carnal. Necesitaba de algo más, quizás hacer realidad mis fantasías más eróticas.
Mi mejor amigo y tan golfo como yo, era un marroquí de las tierras del Rif. Me había hablado en numerosas ocasiones de un lugar en algún sitio de África donde el sexo no tenia limites: "Calhaguara".
Desde pequeño Rasit, que es como se llamaba mi amigo, había oído hablar a sus mayores de aquel lugar, pero desconocían su ubicación exacta. Así que decidí emprender, de una vez por todas, la marcha hacia aquel lugar y le dije a mi padre que me gustaría realizar un viaje por Marruecos.
Mi padre, por supuesto, en principio se negó pero con una treta bien planificada le induje a dejarme ir: “Necesito pensar en mi futuro, necesito hacerme un hombre debo vivir al lado de los que no tienen nada para apreciar todo lo que tu me das”…. No pudo resistir a mis argumentos, supongo porque pensó que, de una vez por todas, yo maduraria y dejaría de darle quebraderos de cabeza.
Un mes después, Rasit y yo emprendíamos nuestra aventura. Preparamos un 4x4 de lujo que soportara las inclemencias del desierto y lo habilitamos con todo aquello que mi amigo estimó necesario. Después de pasar el estrecho de Gibraltar y de comprar más viveres en Ceuta, cruzamos la frontera de Marruecos. Mi adrenalina manaba por mis arterias, igual que el semen por la boca de una mujer después de una mamada.
El viaje por el desierto fue bastante pesado, el calor era insoportable durante el día y por la noche refrescaba tanto que dormíamos en sacos, dentro de unas de esas tiendas que las echas al suelo y se montan ellas mismas, Lo jodido era al día siguiente que no había quien entendiera las instrucciones para desmontarla y siempre acababa hecha un ocho en el maletero del coche.
Nuestro propósito era ir preguntando a las gentes para conocer la ubicación exacta del paraíso perdido, pero no había suerte, todos conocían su nombre pero nadie sabía como llegar. Eso sí todos coincidían que debías poseer una gran fortuna para que te aceptaran entrar, cosa que que para mi no era ningún problema, pues podia disponer de ella. Nuestro ánimo se iba mermando a medida que incrementábamos la distancia y nadie sabia darnos razón de cómo llegar a nuestro destino.
No quiero hacerme pesado relatando el viaje etapa por etapa, pues la verdadera historia aún no ha comenzado. Pero sí explicar las sensaciones que me produjo al entrar por primera vez en un zoco lleno de tiendas de un metro cuadrado cada una, de su colorido, de su aroma a especies, el ver barriles de aceitunas de todos los sabores, el vendedor de huevos que escogía uno a uno, mirando a través del Sol, para ver si estaba fecundado o no.
El asco que me dio cuando vi la primera carnicería llena de testículos y cabezas colgadas de corderos y el ruido de montones de moscas que les hacían los honores a tan preciado manjar. Pero al fondo, todo un regalo, las hogazas de pan y las “chuparquías”: unos pastelillos de miel que me volvían loco.
Un atardecer, cuando ya los estábamos dando todo por perdido, divisamos a lo lejos lo que parecía ser un grupo de beréberes. Estaban instalándose. Los camellos agrupados al lado de un pequeño oasis y empezaban a montar sus grandes tiendas.
Al principio nos recibieron con recelo, pero Rasit supo manejar la situación y nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida, incluso nos dejaron alojar en una “haima”, después de partirse de risa al ver nuestro ridícula tienda de campaña con forma de iglú. Una vez dentro de una de esas enormes tiendas, nos hicieron sentar en una alfombra, mientras las mujeres preparaban té con ramilletes de hierbabuena. No lo sirvieron ellas, pues Rasit me explicó que en estas tribus nómadas las mujeres no comparten las tiendas con los hombres.
Yo, como siempre, no había perdido el tiempo y ya me habia fijado en la apariencia de ellas. Me llamaron la atención sus grandes abalorios colgados de sus cuellos y orejas, y sus tatuajes de henna en la cara. Por lo demás nada que destacar, excepto una jovencita a quien la brisa ajustaba sus ropajes al cuerpo y se adivinaba unos pechos tersos y un culo apretado que me hizo que se me pusiera dura y a punto de estallar.
En cuanto a los hombres, lo único en lo que me fije fue en el turbante y el pañuelo de la cara: el "litham". Mi amigo, mientras, hablaba sin parar con aquella gente, pero de pronto un ángel paso y todos callaron, Rasit había pronunciado el nombre de Calhaguara. El que parecía ser el jefe rompió el silencio y siguió hablando en susurros, yo intenté, sin conseguirlo, saber qué era lo que estaba diciendo.
Cuando todos dormían le pregunté a mi amigo que coño había dicho el individuo y él con una sonrisa me contesto: “Amigo tenemos lugar y día”, y luego rompió a reír, eso sí, bien bajito, para no despertar a nadie.
No podía dormir así que salí fuera de la tienda a fumarme un cigarro, y me senté en el suelo para contemplar mejor la Luna blanca como un plato de cerámica y soñar despierto en aquel lugar. Oí un ruido tenue a mi izquierda y contemple la figura de una mujer a unos 50 metros de donde yo me encontraba: era aquella muchacha a la que le había echado el ojo unas horas antes. La seguí con la mirada y, al instante, me levanté y fui detrás de ella a paso lento.
La muchacha sabía que yo la seguía y continuó hasta llegar a un pequeño estanque de agua, donde se agacho como para mirar su rostro en sus aguas cristalinas. Aquella postura desató mis más primitivos deseos. Mi miembro viril estallaba: y decidí pasar a la acción. Llegué hasta ella y me puse de rodillas por detrás. La muchacha, en lugar de asustarse, o, por lo menos, sorprenderse, empezó a contornear su cuerpo ante mis ojos, no pude más y le subí la vestimenta hasta la cintura, sus nalgas aterciopeladas, despedían un suave reflejo de la Luna, las apreté y manoseé al igual que sus pechos turgentes y sus pezones duros y prominentes, hasta el punto de pensar que quizás le estaba haciendo daño, pero ella no se quejó. Me bajé el pantalón hasta las rodillas y la poseí como un perro salido, ella comenzó a gemir y yo.............
(Continuará.....)