martes, 26 de agosto de 2008

2º cap. - BOUMALEN (1ª parte)

Después de una noche inolvidable con aquella mujer, Rasit y yo recogimos y nos marchamos del campamento que tan bien nos había acogido, sobre todo a mí.

Una vez en el coche, yo me encontraba absorto en las imágenes de aquella linda muchacha, hasta que oí a mi amigo gritando mi nombre.

-¿Que ocurre Rasit? ¿Por qué coño me estás gritando?

-¿Se puede saber dónde estás? Preguntó mi amigo – Hace diez minutos que estoy hablando solo como un idiota en el coche. ¿Ya no te importa dónde vamos? ¿Ni quien va a ser nuestro guía?

-Carajo, se me olvidó, perdona tío, soy todo oídos

Rasit, con una deslumbrante sonrisa en la cara, alardeó de sus tretas para conseguir la información. Pero yo le corté tajantemente. Mi amigo era dado a alardear de cualquier cosa y no estaba dispuesto a escuchar sus memeces, hoy no.

-Al grano Rasit que me duele la cabeza, no me fastidies.



-Bueno, Bueno está bien. Tenemos una dirección y un nombre, Mohamet Abassi y la ciudad "Boumalen" en el Valle del Dadés.


¡Me fascinó!


La ciudad de Boumalen era lo más parecido a lo que uno podía imaginar en las historias de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Rodeada de montañas desérticas y rojizas, las casas también arrojaban ese tono por estar hechas con adobes. No puedo explicar cómo me sentí en aquel momento, pero fue genial.


Llegamos a lo que parecía ser el centro del pueblo y Rasit bajó del coche, para preguntar por el individuo al cual debíamos ver. Entró en el cafetín y al cabo de unos minutos salió sonriendo, buena señal pensé, pero las noticias no eran tan buenas como yo creía.


El tal Mohamet Abassi, era un ricacho que vivía en la mejor casa del pueblo, situada en lo más alto de la calle principal. Buena noticia pensé, la mala es que no se encontraba allí.


-¿Cómo que no está?. ¿Se ha marchado de viaje?. ¿Se ha muerto?. ¿Qué?


Como buen amigo, Rasit intentó calmarme, y, como no lo conseguía, me tapó la boca y me gritó:



¿Quieres hacer el favor de no ponerte histérico? Se marchó hace unas semanas para comprar mercancías y se supone que dentro de nada volverá. No es un hombre que le guste descuidar sus negocios.


-Mierda, mierda y mierda –repliqué-. ¡Joder! Podemos estar varados aquí semanas.


No se podía hacer mucha cosa en aquel pueblo, así que nos dedicamos a recorrer los prostíbulos y los cafetines de la ciudad, digo los prostíbulos pero en realidad solo había uno y propiedad de Mohamet Abassi, como casi todo en aquel sitio.



Quizás mi lenguaje les resulte obsceno, para relatar los días que pasamos con aquellas mujeres, pero no seamos falsos, los hombres por lo menos casi nunca hacemos el amor, follamos. Nunca hablamos de nuestro pene si no de nuestra polla, no acariciamos los pechos de una mujer, si no sus tetas y un gran etc. Así que al pan, pan y al vino, vino.


Cuando llegamos por primera vez a la "Casa de Calandra", que era el nombre del prostíbulo, me imaginé o lo relacioné con aquellos en los que yo había estado en mi país, sin percatarme de donde me encontraba.


Nos hicieron sentar en una sala alfombrada, nos ofrecieron té con ramilletes de hierbabuena, tabaco y otras substancias, que yo no probé, pero que a mi amigo lo volvieron loco.


Al cabo de un buen rato empezaron a desfilar mujeres que parecían odaliscas envueltas en tejidos de gasa de diferentes colores y semitransparentes. Todas parecían jóvenes y con cuerpos que le quitarían el hipo a más de uno y, entre ellas, una mujer que aún cuando sus rasgos eran delicados a su cuerpo le sobraba 100 kg. por lo menos. Rasit al verla le dio la risa tonta y yo le tuve que propinar un codazo para que se callara. El viejo anfitrión se sonrió y nos dijo "Ya la probarán, ya la probarán"


-¿Bueno cual eliges amigo?


Rasit, sin pensarlo dijo: “La de verde que es mi color preferido ¿y tú?”


-Tío menos la gorda me da igual, la de blanco mismo.


A los 5 minutos me encontraba en una alcoba con motivos propios de la tierra en la que estábamos. La mujer se desvistió de sus ropajes, era maravillosa. Su tez morena, sus ojos almendrados y negros, su larga melena, sus caderas prominentes y unas tetas impresionantes, duras y erguidas.


Mientras ella encendía un palo de sándalo para ambientar la habitación yo ya me había quitado la ropa. Me tiré encima de la cama y con gestos le hice entender que me la chupara. Estaba cansado y no me apetecía moverme mucho.


Ella se arrodillo a los pies de la cama y me señalo que debía bajar hasta donde ella se encontraba. Y eso hice. Dios que mamada, era una virtuosa chupando un falo, empezó por el culo y subía por los huevos hasta mi polla, una y otra vez, creía que iba a reventar. No quería correrme pero no aguanté más y mi polla estalló en su boca, era la mejor mamada que había tenido en mi vida.



(Continuará...)

No hay comentarios: