Me gustaría relataros cada día que pasamos en el prostíbulo, pero creo que os aburriría. Por supuesto que el sexo no es aburrido, pero hay que seleccionar y eso es lo que yo voy a hacer:
De mis corridas en el prostíbulo tres de ellas me marcaron, una fue la mamada del primer día y esa ya la he narrado.
La número dos fue en una noche muy bochornosa: hacía un calor insoportable. Como siempre llegamos sobre las diez de la noche a la Casa de Calandra. Otra vez el viejo nos ofreció el té con ramilletes de hierbabuena y, como no, después de un rato de charla, volvieron a desfilar nuestras diosas.
Aquella noche había más gente que la de costumbre, supongo que por culpa del calor . No se podía conciliar el sueño, así que el mejor remedio es un buen polvo y no me digáis que no. ¿Cuantas veces vosotros si no habéis podido dormir os habéis hecho una paja y a los cinco minutos estabais roncando a pierna suelta?
- Rasit, comunícale a tu amigo que no pienso repetir mujer, que si hoy tiene muchos clientes nosotros somos los Vips, ya que cada noche venimos y le dejamos mucha pasta, así que dile que se estire.
Mi amigo habló un rato con el viejo y después éste se levantó de la mesa y me dijo que le acompañara.
Llegamos a una estancia que no había visto nunca. La alcoba era redonda y en el centro había una cama de la misma forma, con sábanas de seda negra. No había ventanas solo velas en el suelo rodeando las paredes y que iluminaban tenuemente la habitación.
Sentada encima de la cama una mujer desnuda, de tez blanca, de ojos verdes y cabello rubio.
-¿Que es esto?...¿Una rubia?
- Del Riff, señor
¡Mira por donde el viejo balbuceaba mi idioma!
-¡Pero es una niña!..¡Como te atreves viejo decrépito! Yo no voy con niñas.
- No señor, no niña ella no. Ser la preferida de Mohamed Abassi.
Se hizo un silencio. El viejo me empujaba a entrar y yo me moría de ganas por hacerlo. A los dos minutos estaba desnudo encima de la cama con ella. Era preciosa, sus ojos me encandilaron de tal manera, que esta vez no la quería follar como a cualquier puta, la quería venerar, hacerla sentir lo que sentiría una diosa, ser el perfecto amante, un caballero…..
El cabello le llegaba hasta la cintura: eran hilos dorados suaves y sedosos. Empecé las caricias por su cara, por la comisura de sus labios. Ella me miraba fijamente con una media sonrisa que no sabía descifrar.
Seguí bajando por sus pechos, y fijaros que con ella no utilizo la expresión de tetas, sería obsceno por mi parte. Al acariciar sus pezones, apoyó sus manos en la cama por detrás de la espalda tirando la cabeza y su larga melena hacia atrás y entre abrió sus piernas. ¡Dios me estaba volviendo loco!
Seguí acariciándola y cuando llegué a su monte de Venus mis dedos lo recorrieron con la misma suavidad que una madre acaricia la cara de un niño. Estaba húmeda, tan húmeda que mis dedos resbalaron hasta penetrarla, entonces ella gimió y yo me moría de placer al oírla. Seguí moviendo mis dedos poco a poco, sin pausa, pero sin prisa, mi mano chorreaba flujo tibio que me hubiera encantado beber.
Ella seguía gimiendo, y de repente se tumbó en la cama, para que la tomara, lo hubiera hecho pero quería más, quería que ella gozara. Por primera vez en mi vida no pensaba en mí. Le saque los dedos y me los metí en la boca, su sabor era afrodisiaco ni dulce ni ácido, tibio y amelado.
Me tumbé encima, ella me miró pensando que la penetraría pero yo me abaje hasta su cara y la bese en su boca entre abierta, en sus ojos, en su cuello y después baje hasta sus pecho de aureola rosada y de pequeños pezones duros y erguidos, los lamí, los succioné, los mordisqueé con dulzura.
Ella seguía gimiendo cada vez más fuerte yo ya no resistía más y la penetré pero no como lo hubiera hecho con cualquier otra, lo hice despacio haciendo que mi pene resbalara suavemente al introducirse y después, del mismo modo que había entrado, saliera.
Su cabeza se movía de un lado al otro, vi como apretaba con fuerza las sabanas, estaba llegando al éxtasis y mi polla comenzó a sentir las contracciones de su orgasmo y me corrí a la vez que mi diosa.
Me acosté a su lado y puse mi mano en su pecho, el corazón le latía a cien, su cuerpo aún temblaba la abracé con todo mi cariño hasta que se durmió.
Después salí de la habitación. Allí estaba Rasit esperando su turno.
Dándome un empujón, pues habiendo estado mirando lo sucedido, quiso entrar. Lo agarré del brazo para que no lo hiciera.
- ¡Déjala en paz! está dormida.
- ¡Ya la despertaré yo! No te preocupes a esa puta también me la follo yo
Y tal como dijo eso le metí un puñetazo que lo tiré al suelo.
Rasit me fulminó con la mirada, mientras se limpiaba la sangre de la comisura de sus labios.
- Escúchame y escúchame bien: No quiero que la toque nadie ¿te enteras? Llama al viejo, hasta que no venga su amo, yo pagaré todos los días para que ella esté libre de cualquier mierda como tú o como yo. Y esto no te lo digo como amigo.
(Continuará...)
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