¡Alucina!
La residencia de nuestro amigo, Abassi eran más impresionante que su guardaespaldas: Un lujoso patio con tres fuentes, palmeras y plantas exóticas. La casa con relieves en sus puertas de madera noble. En fin, un palacio en medio de un pueblo mísero.
Nos hicieron pasar a una habitación para esperar ser recibidos.
A Rasit se le pusieron los ojos como platos al ver tantas riquezas, tallas de marfil de la altura de una persona, juegos de té en oro y plata, alfombras lujosas y mobiliario tallado de ébano. Me llamó la atención un tablero de ajedrez tallado finamente donde las piezas negras eran de azabache y las blancas de platino. La temática de los cuadros eran mujeres y hombres desnudos realizando el acto o en posiciones eróticas.
Me gustaba aquella habitación dentro de lo recargada. Supongo que era para demostrar a sus invitados el poder económico del dueño de la casa.
A los cinco o seis minutos se abrió una gran puerta y apareció un hombre vestido de blanco, gordo, con barba bien recortada disimulando la papada.
- Siéntense por favor queridos amigos, sé que me estaban esperando desde hace tiempo y conozco en que han empleado ese tiempo.
Soltó una carcajada y su estómago se movió hacia todos los lados
Rasit me miró y me hizo ademán de que lo dejara hablar a él. Una tontería, porque aquel hombre hablaba perfectamente el inglés, idioma que yo dominaba. Pero le dejé hablar.
- Sr. Abassi nos han mencionado que usted podría guiarnos hasta Calhaguara. Por un precio claro está - se apresuró a clarificar Rasit-.
Nos miró durante varios segundos sin decir una sola palabra. De repente dio dos palmadas al aire y un sirviente se apresuró a entrar en la estancia.
- ¿Desean beber algo?
- Yo un té, señor - contestó Rasit -.
- ¿Y usted amigo?
- Un JB
Rasit me hizo un gesto con la cara para indicar que no pidiera alcohol.
-Por supuesto amigo, tengo alcohol para mis invitados.
El sirviente salió de la habitación haciéndole una reverencia como si de un rey se tratara.
Y nosotros seguimos conversando.
-¿Que me podrían ofrecer ustedes que ya no tenga? - susurró en voz baja Abassi - Tengo riquezas de todo tipo, pero………Quizás y solo quizás si pudieran obsequiarme con algo que falta en mi colección…..
Rasit y yo miramos a todos los lados de la habitación.
El gordinflón volvió a reír desmesuradamente
- No, no. Yo me refiero a una pieza única que con todo el dinero que poseo no he podido conseguir: Un auto.
- ¿Un auto? - preguntamos al unísono mi amigo y yo-.
- No es un auto, es una joya
- Perfecto. ¿Que coche necesita? – inquirí.
Moviendo la mano cual abanico, me indicó que me acercara y me susurró al oído la marca y modelo que quería. No voy a hacer propaganda de este pero solo diré que es un deportivo y solo lo tienen personas perfectamente elegidas y no por tener mucho dinero entras en sus baremos.
Entró el criado con las bebidas.
- De acuerdo, yo se lo conseguiré de primera mano.
La cara de Mohamed Abassi se iluminó cual farolillo rojo.
-Solo una condición: Déjeme comprar a la chica rubia.
-Si me consigues el coche te regalo a esa prostituta. Ya no me sirve para nada, ha cumplido los 18 y a mí me gustan más jovencitas.
De mi boca estuvo a punto de salir que era un hijo de puta, pero me contuve.
- Cuando yo tenga mi coche tú tendrás a tu rubia.
Prosiguió:
- Del asunto de Calhaguara en el momento que depositéis en una cuenta en Suiza la cantidad que ahora os diré, se os abrirán las puertas.
La cantidad era importante pero yo disponía de ella.
Al día siguiente ordené a mi banco dicha transferencia y encargué el coche que tanto ansiaba.
Dos días más tarde de nuestra primera reunión, volvimos a su casa para ultimar los detalles el viaje.
Nos ofreció bebidas que por supuesto no rechazamos y cuando nos dimos cuenta estábamos en un avión con la cabeza tapada y las manos esposadas.
- ¿Qué mierda pasa? ¡Nos han engañado!. ¡Rasit! !Rasit! - dije gritando -.
- No, no, no grite mi querido amigo, usted ha cumplido con el trato y simplemente le estoy llevando hacia su sueño: Calhaguara.
-¿Y por qué tengo que estar maniatado?
-Amigo, el lugar es secreto, sólo unos pocos lo conocemos y queremos que siga así.
Me tranquilicé cuando oí la voz de mi amigo Rasit, que se estaba despertando como yo lo había hecho momentos antes.
-Abassi, cuénteme la historia de la rubia.
-Mi querido amigo, esa mujercita es la hija de una mujer extranjera que tuve como concubina hace 18 años. Era rubia como ella, sus ojos azules como el océano y blanca como la porcelana más fina. Pero murió al dar a luz. Así que cuando tuvo edad suficiente para poseerla, lo hice.
- ¡Pero era su hija!
Riendo - Sí se habrá fijado que tiene mis ojos.
- ¿Y cómo pudo?
-Hijo mío el deseo carnal puede con todo. Ahora será tuya y podrás hacer lo que quieras con ella.
Y se hizo el silencio. La repulsión que sentí ante esta confesión, hizo que permaneciera callado durante el resto del viaje.
No sé si me había enamorado de aquella mujer pero no quería que la tocara nadie, excepto yo. Soñaba con sus pechos, con su pubis, con su boca. Ella era diferente, le había hecho el amor, no como a las demás que solo las había follado.
De pronto sentí como tomábamos tierra.
¡Habíamos llegado a mi sueño!
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1 comentario:
Habrá pagado el precio justo y lo llevarán donde ellos quieren?
beuno esperaré pacientemente el proximo relato
un beso
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