Este es mi último relato sobre el único prostíbulo de la ciudad.
Como recordareis aquellos que siguen mi historia, solo escribiría sobre los tres recuerdos más intensos que tuve en aquel lugar.
Después del puñetazo que propiné a mi amigo Rasit, estuvo durante un tiempo algo esquivo conmigo, pero como yo era el que tenía el dinero se le pasó relativamente pronto. Al día siguiente se olvidó del incidente, en el momento que dije que me iba al prostíbulo, sabía que sin mi no lo dejarían entrar.
Pues bien, en aquel pueblo no había nada que hacer y entramos en una absoluta monotonía hotelucho-cafetín-prostíbulo y otra vez al hotelucho.
Un buen día por la mañana, nuestras deplorables vidas se iluminaron: El conserje nos anunció que Mohamed Abassi había regresado de su viaje y que nos recibiría al día siguiente a las 11 de la mañana.
Rasit y yo nos volvimos como locos y por supuesto para celebrarlo aquella noche nos fuimos al prostíbulo a pasarlo en grande.
Ja ja ja ¡¡Y tan grande!!
Nos mostraron otra vez las chicas, las habíamos probado a todas solo faltaba la gorda.
- No me jodas Rasit, la gorda no, tío.
- ¿Por qué no? Es una mujer hermosa y si tú no puedes solo yo te puedo ayudar.
- Que hagamos un trio con la gorda? - Mis risas se oyeron por todo el pueblo -.
-Si amigo es algo que no hemos probado, podemos pasarlo bien y… - poniendo carita de pena - ¿que va a pensar de nosotros? hemos tomado a todas repetidamente excepto a ella.
- ¡Joder Rasit eres un cabronazo!. Está bien, dile al viejo que por fin se va a salir con la suya.
Poco después entramos en una habitación igual que la primera en la que entré, en realidad igual que todas, excepto la de la rubia.
Ella fue a encender incienso como hacían siempre y cuando me di la vuelta hacia la cama, mi amigo ya estaba desnudo encima de ella y con la polla más dura que una ganzúa de hierro.
- ¡Joder tío! ¿Qué pasa?. A ti la gorda te gustó de un primer momento, y no me digas que no.
Yo por mi parte me desnudé y me tumbé encima de la cama acompañando a mi amigo.
La muchacha puso música, algo que me sorprendió, pues las demás habían prescindido de ella y creo que la música estimula el sexo.
Su cuerpo empezó a contonearse de tal forma y tan sensualmente que jamás hubiera pensado que una tía de más de 100 kg me la pusiera gorda. Siguió bailando y sacándose poco a poco las gasas de sus ropas. Rasit babeaba y yo esta alucinando.
Cuando se quedó completamente desnuda, sus carnes sudorosas por el baile se fueron acercando a nosotros y en un momento me la encontré chupándole la polla a mi amigo: Se había puesto de rodillas y justo sus posaderas en frente de mi cara. Me puse de rodillas para follarla por detrás y fue una gozada, me equivoqué de agujero y se la metí por el culo, mi polla estaba apretada dentro de ella, fui moviéndome poco a poco, y ella gemía cada vez más fuerte y es que mi amigo le estaba chupando el coño. Le agarré sus inmensas tetas, estrujándolas, incluso le día varios azotes en el culo como si fuera un vaquero montando un toro, cada vez gozaba más y ella se retorcía de placer. ¡Que enculada!.
Pero no acabó la cosa así corriéndome y ya está. Nooooo
Ella se tumbo boca arriba y mientras mi amigo la follaba como un poseso yo me puse de rodillas encima de su cara y me la chupó tan salvajemente que al poco rato me corría otra vez esparciendo mi semen por su rostro que ella recogía con la lengua, cual manjar se tratara.
Esa noche no volvimos al hotel nos quedamos dormidos entre sus tetas y, cuando nos despertábamos, la volvíamos a follar como si fuera la primera vez, pero intentando posturas más enrevesada y más salvajemente: Incluso la atamos de pies y manos mientras que uno la penetraba el otro miraba como se retorcía de placer fumándose un cigarrillo en un como sillón enfrente del tálamo.
En verdad aquella mujer se ganó nuestro respeto y nuestra adoración. Habíamos disfrutados como dos perros en celo.
A las nueve de la mañana más o menos nos vestimos rápido para ir al hotel, asearnos y vestirnos, ya que a la cita de las once no podíamos llegar tarde.
Ya en la puerta del hotel un hombre de piel negra, de casi dos metros de altura y vestido con traje, nos estaba esperando en la recepción. Rasit, al verlo, le preguntó si nos estaba esperando y el asintió con la cabeza, pero de su cara no se movió ni un músculo.
- Pero es muy temprano, el Sr. Abassi dijo a las once.
Y el sirviente contestó impasible: ni un minuto más ni uno menos.
Corrimos a nuestras habitaciones y en menos de 15 minutos estábamos de nuevo en recepción limpios, vestidos, peinados y oliendo a gloria.
Fin del segundo capitulo
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1 comentario:
Bravo!! esta historia es cada vez mejor .
un beso
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