Llaman a la puerta, me levanto y abro.
- ¿Está el señor listo?
- ¿Listo para qué? - pregunté con cara de pocos amigos, después de ver que nos espiaban a todos y por todos-.
- Es la hora de la cena - contesto un hombrecillo con aspecto de viejo usurero de piel oscura, arrugado por el sol cual pasa y algo curvada su espalda como si se hubiera pasado la vida haciendo una reverencia interminable -.
- Por su puesto -respondí -.
- Sígame señor.
Pasamos por varios pasillos con puertas a ambos lados de ellos. El color de sus paredes era de un rosa salmón y las puertas en un blanco marfil, iluminado tenuemente con una especie de antorchas eléctricas que simulaban muy bien a las reales.
Llegamos a un salón redondo. En el centro de la estancia una mesa con la misma forma geométrica, de grandes dimensiones y ocho sillones con apariencia de ser muy cómodos. Encima de la gran mesa de marfil otra mesa, a unos quince centímetros por encima de la otra y que giraba lentamente sobre ella misma. La música suave acariciaba cada rincón de la habitación.
Me senté en uno de aquellos sillones elegido por mí al azar, al cabo de unos momentos llegaron los demás comensales. Los conocía, los había visto en la pantalla de mi habitación. Los tipos eran todos diferentes, el pijo, el sibarita, el listillo, el que parece tonto, en fin supongo que ellos pensarían de mi cualquier calificativo hiriente y seguro que acertarían. Lo que sí puedo decir es que yo era el más joven de todos ellos.
Cuando todos estábamos aposentados, un pequeño ejército de sirvientes comenzó a desfilar con los manjares más suculentos que jamas había visto. Nos sirvieron. Un graciosillo intentó establecer conversación con el resto de comensales, pero fue un acto inútil, nadie contestó.
De pronto la lámpara que hasta ahora había iluminado con luz brillante la mesa desde el centro del techo, comenzó a bajar su intensidad y su luz blanca se tornó tornasol arrojando una variedad de colorido a la plataforma.
En la mesa giratoria había aparecido un joven adonis completamente desnudo de cara aniñada. Su pelo rizado acariciaba el ovalo de su tez morena.
Seguí comiendo, y me fijé que un hombre caucasiano de ojos extremadamente azules, babeaba viendo contornearse al muchacho. El joven acariciaba su pene con la suavidad de unas manos de niño hasta que este se puso erecto. Sus ojos oscuros como la noche miraban dulcemente a los que estábamos allí.
No comprendía la situación así que simplemente seguí comiendo.
Con toda la naturalidad del mundo el hombre que no levantó la mirada del niño, sacó un sobre y lo depositó sobre el pene del joven, con una sonrisa siniestra.
Aquello no me producía placer, pero Calhaguara reproducía los sueños más oscuros y secretos de todo aquel que conseguía entrar. Es curioso, a mí nadie me había preguntado qué es lo que yo quería y en verdad ni yo lo sabía. En aquellos momentos mi mente estaba en la preciosa rubia que había conocido en el prostíbulo y lo que sentí al tomarla.
Nuestro caballero encandilado por el muchacho se levantó de la mesa acompañado de un sirviente. Las luces se apagaron durante unos instantes y cuando estas volvieron a lucir nuestro comensal y el jovencito, habían desaparecido, en su lugar había una muchacha negra de grandes tetas, sus pezones oscuros y prominentes, su pelo cortado al cero y una cintura que podía cogerse con las dos manos juntas.
Miré a mi alrededor y todos la miraban, no hubiera imaginado quien se interesaría realmente por ella. Pero cuando esta empezó a acariciarse los pezones y a introducir sus dedos en su vagina me di cuenta que aquel hombrecillo de gafas que anteriormente quiso establecer contacto con el resto, sacaba un sobre pero no lo depositó en la chica hasta que los gemidos de esta inundaron la habitación.
De pronto una pantalla se encendió. Una película porno, pensé. Pero me equivocaba: era el hombre caucasiano con el joven. Desde la mesa podíamos ver lo que le hacía en su habitación. El chico estaba atado con esposas a la pared de cara a ella y el otro le estaba dando por culo. El muy cabrón su polla era más grande de lo que el muchacho podía admitir y gritaba de dolor. El otro lo agarraba del pelo y lo seguía embistiendo. Bajé la mirada. Aquello me incomodaba,
Estaba aturdido. ¿Que significaba aquello?, nadie me había hablado de un sobre. Así que llamé a un hombre de aspecto frió vestido con traje negro, este se acercó y me preguntó lo que deseaba en inglés.
-Nadie me ha hablado de este juego que significan los sobres yo no tengo ningún sobre. ¿Es dinero?. ¿Un cheque?
El hombre susurrando nuevamente, me preguntó si era mi primera vez y asentí.
-Dentro de la bandeja de plata hay un sobre, si le interesa la pieza puede adquirirla depositando el sobre encima de ella.
- ¿Y que tiene el sobre en su interior?- pregunté ingenuamente -.
- Un millón de dólares.
Tragué saliva, había gastado mucho y no sé si en mi cuenta disponía de esa cantidad.
El hombre sonrió y dijo:
- Sabemos que no dispone de esa cantidad a diferencia de sus compañeros de mesa, por lo tanto usted apostará el último y se quedará con la última pieza.
¡Maldita sea! ¿cómo es que nadie me había hablado de aquello?
Poco a poco los comensales fueron cobrando sus piezas una a una. Después de la muchacha negra apareció una mujer de grandes dimensiones no gorda pero si entrada en carnes, otra muchacha flaca muy flaca y demacrada, un hombre negro alto y corpulento, un hombre mayor, una enana…
Cada vez que un comensal salía de la habitación una pantalla de televisión se encendía igual que había ocurrido en mi habitación. Las parejas que se veían en ellas. Eran de lo más dispar: El hombre adinerado de raza negra había pujado por la chica flaca. El pijo por el hombre mayor, a este le gusta que le den, pensé. El que se llevó al hombre de color solo quería ser su sirviente vestido de mujer. Me pareció gracioso, hay gustos para todos pero joder esto parecía de chiste.
Cuando me quedé solo en la mesa. Se volvieron a apagar las luces y al volver a relucir, mi rostro se volvió tan pálido como la mesa de marfil en la que estaba:
En la plataforma apareció la chica rubia de la que había llegado a la conclusión que amaba y Rasit mi mejor amigo. Los dos estaban desnudos uno dándose la espalda al otro.
Me levanté de un salto de la silla.
-¿Es una broma? ¿Qué coño pasa aquí?. ¿A que están jugando?. He pagado mucho dinero para soportar un chiste de esta clase.
Una voz de entre las sombras dijo:
- Cálmese señor, su sueño es tener para sí solo a esta mujer y perseverar la amistad con su amigo. Pero usted no tiene dinero suficiente para adjudicarse el lote entero, así que deberá elegir: O la chica o su amigo.
-Yo ya llegué a un acuerdo con Abassi.
-Siento comunicarle que el Mohamed Abassi ha fallecido y queda anulado cualquier contrato que hubiera adquirido con él.
- Son unos cabrones, quiero que me devuelvan el dinero. Esto es una mierda.
- No se equivoque señor, esto simplemente son sus deseos. Si no elige, ambos serán sacrificados
- ¿Qué? ¿Qué coño está diciendo?. ¿Tengo que elegir quien tiene que morir?
- Lo ha comprendido perfectamente señor. Tiene diez minutos para elegir.
Me desplomé en el sillón, mirando la cara de ambos: Unos ojos azules que me decían que era la mujer de mi vida y otros ojos que me imploraban seguir siendo mi mejor amigo.
¿Qué mierda iba a hacer?
viernes, 19 de septiembre de 2008
martes, 16 de septiembre de 2008
4º cap. - El recibimiento
Nos sacaron del avión con suma delicadeza la verdad, yo había pensado en empujones y maltrato.
Estuve caminando un buen rato sin saber la dirección, lo que si noté cuando salí del avión fue un calor sofocante como solo el sol del desierto te hace sentir. De pronto aquel calor se apagó y note el fresco de estar dentro de un edificio, quizás otro palacio, pero tenía la cabeza cubierta y no podía ver el lugar.
Súbitamente me hicieron sentar y al cabo de unos segundos unas manos suaves como la seda me descubrían la cabeza.
Me encontraba en una habitación sin ventanas y sin embargo parecía que el sol la iluminaba, en ella una cama lujosa, en la pared norte en el centro de la habitación una gran bañera redonda a ras de suelo, en la pared sur de la estancia un sofá, un mueble bar con todo aquello que pudiera apetecerme. No sé cómo pero sabían las marcas de mis bebidas predilectas.
En la pared Este, un vestidor con ropaje cómodo, un esmoquin, ropa deportiva y calzado para combinar, todo de mi talla.
En la pared Oeste una habitación con una pantalla panorámica, otro sofá que parecía una cama, una vitrina con todos los objetos sexuales que uno podía imaginar y otros que jamás hubiera imaginado. Un potro para el sexo, un columpio también para el sexo, esposas en la pared y una soga que colgaba del techo. Un equipo de música con altavoces capaces de romper los tímpanos a cualquiera. Y en una pared lateral a esta habitación el WC.
Dos mujeres orientales con atuendos del mismo origen me fueron sacando la ropa y cuando estaba desnudo, me introdujeron en la bañera del centro de la habitación, el agua estaba a una temperatura ideal, las mujeres se desnudaron y se metieron en el agua conmigo.
Abrieron unos tarros, lo que parecía ser alguna clase de gel y comenzaron a extendérselo ellas por todo su cuerpo, me hicieron levantar y una por delante y otra por detrás iniciaron una especie de ritual, donde ellas me frotaban suavemente igual que una esponja marina acaricia el cuerpo de un niño. No medimos palabra entre los tres, simplemente me dejé llevar por el momento y las circunstancias.
Mi falo estaba empalmado de sentir el roce de sus tetas por toda mi piel, de pronto una de ellas empezó a acariciarlo como si de porcelana se tratara, suavemente solo rozaba con las yemas de sus dedos, incluso menos, pero me había puesto como una moto. Cuando mis brazos se alargaron para cogerla por la cintura, darle la vuelta y follarla mientras sentía las carias de la otra, ella sutilmente me esquivó, y subió por los peldaños para salir de aquella bañera llena de instintos primitivos que yo había aportado, para coger una jarra de agua que me tiró por la cabeza, era agua de azar tibia.
Me alargó la mano para salir de la piscina de los sentidos y una vez fuera me hidrataron con aceites aromáticos. Era irresistible tenía unas ganas de follármelas que me moría pero me mordí la lengua para no hacer algo fuera de guión.
Después me secaron con gasas y me llevaron a la cama, hicieron que me recostara y salieron de la habitación con una reverencia.
¡Mierda! - pensé- ¿Y que hago yo ahora con esto?
Cuando empezaba a masturbarme para rematar lo que había comenzado, una mujer entró en la habitación, yo paré de tocármela y pensé "ya no hace falta". Pero ella sin ni siquiera mirarme, se dirigió al vestidor y me sacó un ropaje con el cual debía vestirme.
¡Y una mierda!, esta no se va tan fácilmente como las otras. Así que la agarré del brazo fuertemente y la subí en el potro, ella se resistía pero mis ansias por penetrarla eran más fuertes. La até al potro de pies y manos y cuando vi su coño que ni siquiera estaba dilatado la embestí, no me importa hacerle daño solo la quería follar y así lo hice.
Al principio gritó pero pronto su grito se trasformó en gemidos y yo seguí con mis embestidas cada vez más fuertes y más rápidas hasta que me corrí. Una vez acabada la faena la dejé marchar.
Me puse la ropa que me había dejado sobre la cama y después me senté en el sofá, enfrente la pantalla panorámica con un vaso de JB en vaso largo. Encendí la pantalla y me vi a mi mismo como momentos antes me había tirado a la chica.
¡Joder! - exclamé- Aquí te graban todo lo que haces.
Estaba cabreado así que cambié el canal.
¡Sorpresa!, podía ver todo lo que pasaba en cada una de las habitaciones de los que me parecieron el resto de invitados.
Me reí de la cara de alguno de ellos, había todo tipo de caretos, pero…..
¿Y Rasit?
¿Dónde estaba Rasit?.
Estuve caminando un buen rato sin saber la dirección, lo que si noté cuando salí del avión fue un calor sofocante como solo el sol del desierto te hace sentir. De pronto aquel calor se apagó y note el fresco de estar dentro de un edificio, quizás otro palacio, pero tenía la cabeza cubierta y no podía ver el lugar.
Súbitamente me hicieron sentar y al cabo de unos segundos unas manos suaves como la seda me descubrían la cabeza.
Me encontraba en una habitación sin ventanas y sin embargo parecía que el sol la iluminaba, en ella una cama lujosa, en la pared norte en el centro de la habitación una gran bañera redonda a ras de suelo, en la pared sur de la estancia un sofá, un mueble bar con todo aquello que pudiera apetecerme. No sé cómo pero sabían las marcas de mis bebidas predilectas.
En la pared Este, un vestidor con ropaje cómodo, un esmoquin, ropa deportiva y calzado para combinar, todo de mi talla.
En la pared Oeste una habitación con una pantalla panorámica, otro sofá que parecía una cama, una vitrina con todos los objetos sexuales que uno podía imaginar y otros que jamás hubiera imaginado. Un potro para el sexo, un columpio también para el sexo, esposas en la pared y una soga que colgaba del techo. Un equipo de música con altavoces capaces de romper los tímpanos a cualquiera. Y en una pared lateral a esta habitación el WC.
Dos mujeres orientales con atuendos del mismo origen me fueron sacando la ropa y cuando estaba desnudo, me introdujeron en la bañera del centro de la habitación, el agua estaba a una temperatura ideal, las mujeres se desnudaron y se metieron en el agua conmigo.
Abrieron unos tarros, lo que parecía ser alguna clase de gel y comenzaron a extendérselo ellas por todo su cuerpo, me hicieron levantar y una por delante y otra por detrás iniciaron una especie de ritual, donde ellas me frotaban suavemente igual que una esponja marina acaricia el cuerpo de un niño. No medimos palabra entre los tres, simplemente me dejé llevar por el momento y las circunstancias.
Mi falo estaba empalmado de sentir el roce de sus tetas por toda mi piel, de pronto una de ellas empezó a acariciarlo como si de porcelana se tratara, suavemente solo rozaba con las yemas de sus dedos, incluso menos, pero me había puesto como una moto. Cuando mis brazos se alargaron para cogerla por la cintura, darle la vuelta y follarla mientras sentía las carias de la otra, ella sutilmente me esquivó, y subió por los peldaños para salir de aquella bañera llena de instintos primitivos que yo había aportado, para coger una jarra de agua que me tiró por la cabeza, era agua de azar tibia.
Me alargó la mano para salir de la piscina de los sentidos y una vez fuera me hidrataron con aceites aromáticos. Era irresistible tenía unas ganas de follármelas que me moría pero me mordí la lengua para no hacer algo fuera de guión.
Después me secaron con gasas y me llevaron a la cama, hicieron que me recostara y salieron de la habitación con una reverencia.
¡Mierda! - pensé- ¿Y que hago yo ahora con esto?
Cuando empezaba a masturbarme para rematar lo que había comenzado, una mujer entró en la habitación, yo paré de tocármela y pensé "ya no hace falta". Pero ella sin ni siquiera mirarme, se dirigió al vestidor y me sacó un ropaje con el cual debía vestirme.
¡Y una mierda!, esta no se va tan fácilmente como las otras. Así que la agarré del brazo fuertemente y la subí en el potro, ella se resistía pero mis ansias por penetrarla eran más fuertes. La até al potro de pies y manos y cuando vi su coño que ni siquiera estaba dilatado la embestí, no me importa hacerle daño solo la quería follar y así lo hice.
Al principio gritó pero pronto su grito se trasformó en gemidos y yo seguí con mis embestidas cada vez más fuertes y más rápidas hasta que me corrí. Una vez acabada la faena la dejé marchar.
Me puse la ropa que me había dejado sobre la cama y después me senté en el sofá, enfrente la pantalla panorámica con un vaso de JB en vaso largo. Encendí la pantalla y me vi a mi mismo como momentos antes me había tirado a la chica.
¡Joder! - exclamé- Aquí te graban todo lo que haces.
Estaba cabreado así que cambié el canal.
¡Sorpresa!, podía ver todo lo que pasaba en cada una de las habitaciones de los que me parecieron el resto de invitados.
Me reí de la cara de alguno de ellos, había todo tipo de caretos, pero…..
¿Y Rasit?
¿Dónde estaba Rasit?.
martes, 9 de septiembre de 2008
3r cap. - EL VIAJE
¡Alucina!
La residencia de nuestro amigo, Abassi eran más impresionante que su guardaespaldas: Un lujoso patio con tres fuentes, palmeras y plantas exóticas. La casa con relieves en sus puertas de madera noble. En fin, un palacio en medio de un pueblo mísero.
Nos hicieron pasar a una habitación para esperar ser recibidos.
A Rasit se le pusieron los ojos como platos al ver tantas riquezas, tallas de marfil de la altura de una persona, juegos de té en oro y plata, alfombras lujosas y mobiliario tallado de ébano. Me llamó la atención un tablero de ajedrez tallado finamente donde las piezas negras eran de azabache y las blancas de platino. La temática de los cuadros eran mujeres y hombres desnudos realizando el acto o en posiciones eróticas.
Me gustaba aquella habitación dentro de lo recargada. Supongo que era para demostrar a sus invitados el poder económico del dueño de la casa.
A los cinco o seis minutos se abrió una gran puerta y apareció un hombre vestido de blanco, gordo, con barba bien recortada disimulando la papada.
- Siéntense por favor queridos amigos, sé que me estaban esperando desde hace tiempo y conozco en que han empleado ese tiempo.
Soltó una carcajada y su estómago se movió hacia todos los lados
Rasit me miró y me hizo ademán de que lo dejara hablar a él. Una tontería, porque aquel hombre hablaba perfectamente el inglés, idioma que yo dominaba. Pero le dejé hablar.
- Sr. Abassi nos han mencionado que usted podría guiarnos hasta Calhaguara. Por un precio claro está - se apresuró a clarificar Rasit-.
Nos miró durante varios segundos sin decir una sola palabra. De repente dio dos palmadas al aire y un sirviente se apresuró a entrar en la estancia.
- ¿Desean beber algo?
- Yo un té, señor - contestó Rasit -.
- ¿Y usted amigo?
- Un JB
Rasit me hizo un gesto con la cara para indicar que no pidiera alcohol.
-Por supuesto amigo, tengo alcohol para mis invitados.
El sirviente salió de la habitación haciéndole una reverencia como si de un rey se tratara.
Y nosotros seguimos conversando.
-¿Que me podrían ofrecer ustedes que ya no tenga? - susurró en voz baja Abassi - Tengo riquezas de todo tipo, pero………Quizás y solo quizás si pudieran obsequiarme con algo que falta en mi colección…..
Rasit y yo miramos a todos los lados de la habitación.
El gordinflón volvió a reír desmesuradamente
- No, no. Yo me refiero a una pieza única que con todo el dinero que poseo no he podido conseguir: Un auto.
- ¿Un auto? - preguntamos al unísono mi amigo y yo-.
- No es un auto, es una joya
- Perfecto. ¿Que coche necesita? – inquirí.
Moviendo la mano cual abanico, me indicó que me acercara y me susurró al oído la marca y modelo que quería. No voy a hacer propaganda de este pero solo diré que es un deportivo y solo lo tienen personas perfectamente elegidas y no por tener mucho dinero entras en sus baremos.
Entró el criado con las bebidas.
- De acuerdo, yo se lo conseguiré de primera mano.
La cara de Mohamed Abassi se iluminó cual farolillo rojo.
-Solo una condición: Déjeme comprar a la chica rubia.
-Si me consigues el coche te regalo a esa prostituta. Ya no me sirve para nada, ha cumplido los 18 y a mí me gustan más jovencitas.
De mi boca estuvo a punto de salir que era un hijo de puta, pero me contuve.
- Cuando yo tenga mi coche tú tendrás a tu rubia.
Prosiguió:
- Del asunto de Calhaguara en el momento que depositéis en una cuenta en Suiza la cantidad que ahora os diré, se os abrirán las puertas.
La cantidad era importante pero yo disponía de ella.
Al día siguiente ordené a mi banco dicha transferencia y encargué el coche que tanto ansiaba.
Dos días más tarde de nuestra primera reunión, volvimos a su casa para ultimar los detalles el viaje.
Nos ofreció bebidas que por supuesto no rechazamos y cuando nos dimos cuenta estábamos en un avión con la cabeza tapada y las manos esposadas.
- ¿Qué mierda pasa? ¡Nos han engañado!. ¡Rasit! !Rasit! - dije gritando -.
- No, no, no grite mi querido amigo, usted ha cumplido con el trato y simplemente le estoy llevando hacia su sueño: Calhaguara.
-¿Y por qué tengo que estar maniatado?
-Amigo, el lugar es secreto, sólo unos pocos lo conocemos y queremos que siga así.
Me tranquilicé cuando oí la voz de mi amigo Rasit, que se estaba despertando como yo lo había hecho momentos antes.
-Abassi, cuénteme la historia de la rubia.
-Mi querido amigo, esa mujercita es la hija de una mujer extranjera que tuve como concubina hace 18 años. Era rubia como ella, sus ojos azules como el océano y blanca como la porcelana más fina. Pero murió al dar a luz. Así que cuando tuvo edad suficiente para poseerla, lo hice.
- ¡Pero era su hija!
Riendo - Sí se habrá fijado que tiene mis ojos.
- ¿Y cómo pudo?
-Hijo mío el deseo carnal puede con todo. Ahora será tuya y podrás hacer lo que quieras con ella.
Y se hizo el silencio. La repulsión que sentí ante esta confesión, hizo que permaneciera callado durante el resto del viaje.
No sé si me había enamorado de aquella mujer pero no quería que la tocara nadie, excepto yo. Soñaba con sus pechos, con su pubis, con su boca. Ella era diferente, le había hecho el amor, no como a las demás que solo las había follado.
De pronto sentí como tomábamos tierra.
¡Habíamos llegado a mi sueño!
La residencia de nuestro amigo, Abassi eran más impresionante que su guardaespaldas: Un lujoso patio con tres fuentes, palmeras y plantas exóticas. La casa con relieves en sus puertas de madera noble. En fin, un palacio en medio de un pueblo mísero.
Nos hicieron pasar a una habitación para esperar ser recibidos.
A Rasit se le pusieron los ojos como platos al ver tantas riquezas, tallas de marfil de la altura de una persona, juegos de té en oro y plata, alfombras lujosas y mobiliario tallado de ébano. Me llamó la atención un tablero de ajedrez tallado finamente donde las piezas negras eran de azabache y las blancas de platino. La temática de los cuadros eran mujeres y hombres desnudos realizando el acto o en posiciones eróticas.
Me gustaba aquella habitación dentro de lo recargada. Supongo que era para demostrar a sus invitados el poder económico del dueño de la casa.
A los cinco o seis minutos se abrió una gran puerta y apareció un hombre vestido de blanco, gordo, con barba bien recortada disimulando la papada.
- Siéntense por favor queridos amigos, sé que me estaban esperando desde hace tiempo y conozco en que han empleado ese tiempo.
Soltó una carcajada y su estómago se movió hacia todos los lados
Rasit me miró y me hizo ademán de que lo dejara hablar a él. Una tontería, porque aquel hombre hablaba perfectamente el inglés, idioma que yo dominaba. Pero le dejé hablar.
- Sr. Abassi nos han mencionado que usted podría guiarnos hasta Calhaguara. Por un precio claro está - se apresuró a clarificar Rasit-.
Nos miró durante varios segundos sin decir una sola palabra. De repente dio dos palmadas al aire y un sirviente se apresuró a entrar en la estancia.
- ¿Desean beber algo?
- Yo un té, señor - contestó Rasit -.
- ¿Y usted amigo?
- Un JB
Rasit me hizo un gesto con la cara para indicar que no pidiera alcohol.
-Por supuesto amigo, tengo alcohol para mis invitados.
El sirviente salió de la habitación haciéndole una reverencia como si de un rey se tratara.
Y nosotros seguimos conversando.
-¿Que me podrían ofrecer ustedes que ya no tenga? - susurró en voz baja Abassi - Tengo riquezas de todo tipo, pero………Quizás y solo quizás si pudieran obsequiarme con algo que falta en mi colección…..
Rasit y yo miramos a todos los lados de la habitación.
El gordinflón volvió a reír desmesuradamente
- No, no. Yo me refiero a una pieza única que con todo el dinero que poseo no he podido conseguir: Un auto.
- ¿Un auto? - preguntamos al unísono mi amigo y yo-.
- No es un auto, es una joya
- Perfecto. ¿Que coche necesita? – inquirí.
Moviendo la mano cual abanico, me indicó que me acercara y me susurró al oído la marca y modelo que quería. No voy a hacer propaganda de este pero solo diré que es un deportivo y solo lo tienen personas perfectamente elegidas y no por tener mucho dinero entras en sus baremos.
Entró el criado con las bebidas.
- De acuerdo, yo se lo conseguiré de primera mano.
La cara de Mohamed Abassi se iluminó cual farolillo rojo.
-Solo una condición: Déjeme comprar a la chica rubia.
-Si me consigues el coche te regalo a esa prostituta. Ya no me sirve para nada, ha cumplido los 18 y a mí me gustan más jovencitas.
De mi boca estuvo a punto de salir que era un hijo de puta, pero me contuve.
- Cuando yo tenga mi coche tú tendrás a tu rubia.
Prosiguió:
- Del asunto de Calhaguara en el momento que depositéis en una cuenta en Suiza la cantidad que ahora os diré, se os abrirán las puertas.
La cantidad era importante pero yo disponía de ella.
Al día siguiente ordené a mi banco dicha transferencia y encargué el coche que tanto ansiaba.
Dos días más tarde de nuestra primera reunión, volvimos a su casa para ultimar los detalles el viaje.
Nos ofreció bebidas que por supuesto no rechazamos y cuando nos dimos cuenta estábamos en un avión con la cabeza tapada y las manos esposadas.
- ¿Qué mierda pasa? ¡Nos han engañado!. ¡Rasit! !Rasit! - dije gritando -.
- No, no, no grite mi querido amigo, usted ha cumplido con el trato y simplemente le estoy llevando hacia su sueño: Calhaguara.
-¿Y por qué tengo que estar maniatado?
-Amigo, el lugar es secreto, sólo unos pocos lo conocemos y queremos que siga así.
Me tranquilicé cuando oí la voz de mi amigo Rasit, que se estaba despertando como yo lo había hecho momentos antes.
-Abassi, cuénteme la historia de la rubia.
-Mi querido amigo, esa mujercita es la hija de una mujer extranjera que tuve como concubina hace 18 años. Era rubia como ella, sus ojos azules como el océano y blanca como la porcelana más fina. Pero murió al dar a luz. Así que cuando tuvo edad suficiente para poseerla, lo hice.
- ¡Pero era su hija!
Riendo - Sí se habrá fijado que tiene mis ojos.
- ¿Y cómo pudo?
-Hijo mío el deseo carnal puede con todo. Ahora será tuya y podrás hacer lo que quieras con ella.
Y se hizo el silencio. La repulsión que sentí ante esta confesión, hizo que permaneciera callado durante el resto del viaje.
No sé si me había enamorado de aquella mujer pero no quería que la tocara nadie, excepto yo. Soñaba con sus pechos, con su pubis, con su boca. Ella era diferente, le había hecho el amor, no como a las demás que solo las había follado.
De pronto sentí como tomábamos tierra.
¡Habíamos llegado a mi sueño!
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