Este es mi último relato sobre el único prostíbulo de la ciudad.
Como recordareis aquellos que siguen mi historia, solo escribiría sobre los tres recuerdos más intensos que tuve en aquel lugar.
Después del puñetazo que propiné a mi amigo Rasit, estuvo durante un tiempo algo esquivo conmigo, pero como yo era el que tenía el dinero se le pasó relativamente pronto. Al día siguiente se olvidó del incidente, en el momento que dije que me iba al prostíbulo, sabía que sin mi no lo dejarían entrar.
Pues bien, en aquel pueblo no había nada que hacer y entramos en una absoluta monotonía hotelucho-cafetín-prostíbulo y otra vez al hotelucho.
Un buen día por la mañana, nuestras deplorables vidas se iluminaron: El conserje nos anunció que Mohamed Abassi había regresado de su viaje y que nos recibiría al día siguiente a las 11 de la mañana.
Rasit y yo nos volvimos como locos y por supuesto para celebrarlo aquella noche nos fuimos al prostíbulo a pasarlo en grande.
Ja ja ja ¡¡Y tan grande!!
Nos mostraron otra vez las chicas, las habíamos probado a todas solo faltaba la gorda.
- No me jodas Rasit, la gorda no, tío.
- ¿Por qué no? Es una mujer hermosa y si tú no puedes solo yo te puedo ayudar.
- Que hagamos un trio con la gorda? - Mis risas se oyeron por todo el pueblo -.
-Si amigo es algo que no hemos probado, podemos pasarlo bien y… - poniendo carita de pena - ¿que va a pensar de nosotros? hemos tomado a todas repetidamente excepto a ella.
- ¡Joder Rasit eres un cabronazo!. Está bien, dile al viejo que por fin se va a salir con la suya.
Poco después entramos en una habitación igual que la primera en la que entré, en realidad igual que todas, excepto la de la rubia.
Ella fue a encender incienso como hacían siempre y cuando me di la vuelta hacia la cama, mi amigo ya estaba desnudo encima de ella y con la polla más dura que una ganzúa de hierro.
- ¡Joder tío! ¿Qué pasa?. A ti la gorda te gustó de un primer momento, y no me digas que no.
Yo por mi parte me desnudé y me tumbé encima de la cama acompañando a mi amigo.
La muchacha puso música, algo que me sorprendió, pues las demás habían prescindido de ella y creo que la música estimula el sexo.
Su cuerpo empezó a contonearse de tal forma y tan sensualmente que jamás hubiera pensado que una tía de más de 100 kg me la pusiera gorda. Siguió bailando y sacándose poco a poco las gasas de sus ropas. Rasit babeaba y yo esta alucinando.
Cuando se quedó completamente desnuda, sus carnes sudorosas por el baile se fueron acercando a nosotros y en un momento me la encontré chupándole la polla a mi amigo: Se había puesto de rodillas y justo sus posaderas en frente de mi cara. Me puse de rodillas para follarla por detrás y fue una gozada, me equivoqué de agujero y se la metí por el culo, mi polla estaba apretada dentro de ella, fui moviéndome poco a poco, y ella gemía cada vez más fuerte y es que mi amigo le estaba chupando el coño. Le agarré sus inmensas tetas, estrujándolas, incluso le día varios azotes en el culo como si fuera un vaquero montando un toro, cada vez gozaba más y ella se retorcía de placer. ¡Que enculada!.
Pero no acabó la cosa así corriéndome y ya está. Nooooo
Ella se tumbo boca arriba y mientras mi amigo la follaba como un poseso yo me puse de rodillas encima de su cara y me la chupó tan salvajemente que al poco rato me corría otra vez esparciendo mi semen por su rostro que ella recogía con la lengua, cual manjar se tratara.
Esa noche no volvimos al hotel nos quedamos dormidos entre sus tetas y, cuando nos despertábamos, la volvíamos a follar como si fuera la primera vez, pero intentando posturas más enrevesada y más salvajemente: Incluso la atamos de pies y manos mientras que uno la penetraba el otro miraba como se retorcía de placer fumándose un cigarrillo en un como sillón enfrente del tálamo.
En verdad aquella mujer se ganó nuestro respeto y nuestra adoración. Habíamos disfrutados como dos perros en celo.
A las nueve de la mañana más o menos nos vestimos rápido para ir al hotel, asearnos y vestirnos, ya que a la cita de las once no podíamos llegar tarde.
Ya en la puerta del hotel un hombre de piel negra, de casi dos metros de altura y vestido con traje, nos estaba esperando en la recepción. Rasit, al verlo, le preguntó si nos estaba esperando y el asintió con la cabeza, pero de su cara no se movió ni un músculo.
- Pero es muy temprano, el Sr. Abassi dijo a las once.
Y el sirviente contestó impasible: ni un minuto más ni uno menos.
Corrimos a nuestras habitaciones y en menos de 15 minutos estábamos de nuevo en recepción limpios, vestidos, peinados y oliendo a gloria.
Fin del segundo capitulo
domingo, 31 de agosto de 2008
jueves, 28 de agosto de 2008
2º cap. - BOUMALEN (2ª parte)
El hotel donde nos alojábamos estaba al lado del cafetín, no era nada del otro mundo pero estaba limpio.
Me gustaría relataros cada día que pasamos en el prostíbulo, pero creo que os aburriría. Por supuesto que el sexo no es aburrido, pero hay que seleccionar y eso es lo que yo voy a hacer:
De mis corridas en el prostíbulo tres de ellas me marcaron, una fue la mamada del primer día y esa ya la he narrado.
La número dos fue en una noche muy bochornosa: hacía un calor insoportable. Como siempre llegamos sobre las diez de la noche a la Casa de Calandra. Otra vez el viejo nos ofreció el té con ramilletes de hierbabuena y, como no, después de un rato de charla, volvieron a desfilar nuestras diosas.
Aquella noche había más gente que la de costumbre, supongo que por culpa del calor . No se podía conciliar el sueño, así que el mejor remedio es un buen polvo y no me digáis que no. ¿Cuantas veces vosotros si no habéis podido dormir os habéis hecho una paja y a los cinco minutos estabais roncando a pierna suelta?
- Rasit, comunícale a tu amigo que no pienso repetir mujer, que si hoy tiene muchos clientes nosotros somos los Vips, ya que cada noche venimos y le dejamos mucha pasta, así que dile que se estire.
Mi amigo habló un rato con el viejo y después éste se levantó de la mesa y me dijo que le acompañara.
Llegamos a una estancia que no había visto nunca. La alcoba era redonda y en el centro había una cama de la misma forma, con sábanas de seda negra. No había ventanas solo velas en el suelo rodeando las paredes y que iluminaban tenuemente la habitación.
Sentada encima de la cama una mujer desnuda, de tez blanca, de ojos verdes y cabello rubio.
-¿Que es esto?...¿Una rubia?
- Del Riff, señor
¡Mira por donde el viejo balbuceaba mi idioma!
-¡Pero es una niña!..¡Como te atreves viejo decrépito! Yo no voy con niñas.
- No señor, no niña ella no. Ser la preferida de Mohamed Abassi.
Se hizo un silencio. El viejo me empujaba a entrar y yo me moría de ganas por hacerlo. A los dos minutos estaba desnudo encima de la cama con ella. Era preciosa, sus ojos me encandilaron de tal manera, que esta vez no la quería follar como a cualquier puta, la quería venerar, hacerla sentir lo que sentiría una diosa, ser el perfecto amante, un caballero…..
El cabello le llegaba hasta la cintura: eran hilos dorados suaves y sedosos. Empecé las caricias por su cara, por la comisura de sus labios. Ella me miraba fijamente con una media sonrisa que no sabía descifrar.
Seguí bajando por sus pechos, y fijaros que con ella no utilizo la expresión de tetas, sería obsceno por mi parte. Al acariciar sus pezones, apoyó sus manos en la cama por detrás de la espalda tirando la cabeza y su larga melena hacia atrás y entre abrió sus piernas. ¡Dios me estaba volviendo loco!
Seguí acariciándola y cuando llegué a su monte de Venus mis dedos lo recorrieron con la misma suavidad que una madre acaricia la cara de un niño. Estaba húmeda, tan húmeda que mis dedos resbalaron hasta penetrarla, entonces ella gimió y yo me moría de placer al oírla. Seguí moviendo mis dedos poco a poco, sin pausa, pero sin prisa, mi mano chorreaba flujo tibio que me hubiera encantado beber.
Ella seguía gimiendo, y de repente se tumbó en la cama, para que la tomara, lo hubiera hecho pero quería más, quería que ella gozara. Por primera vez en mi vida no pensaba en mí. Le saque los dedos y me los metí en la boca, su sabor era afrodisiaco ni dulce ni ácido, tibio y amelado.
Me tumbé encima, ella me miró pensando que la penetraría pero yo me abaje hasta su cara y la bese en su boca entre abierta, en sus ojos, en su cuello y después baje hasta sus pecho de aureola rosada y de pequeños pezones duros y erguidos, los lamí, los succioné, los mordisqueé con dulzura.
Ella seguía gimiendo cada vez más fuerte yo ya no resistía más y la penetré pero no como lo hubiera hecho con cualquier otra, lo hice despacio haciendo que mi pene resbalara suavemente al introducirse y después, del mismo modo que había entrado, saliera.
Su cabeza se movía de un lado al otro, vi como apretaba con fuerza las sabanas, estaba llegando al éxtasis y mi polla comenzó a sentir las contracciones de su orgasmo y me corrí a la vez que mi diosa.
Me acosté a su lado y puse mi mano en su pecho, el corazón le latía a cien, su cuerpo aún temblaba la abracé con todo mi cariño hasta que se durmió.
Después salí de la habitación. Allí estaba Rasit esperando su turno.
Dándome un empujón, pues habiendo estado mirando lo sucedido, quiso entrar. Lo agarré del brazo para que no lo hiciera.
- ¡Déjala en paz! está dormida.
- ¡Ya la despertaré yo! No te preocupes a esa puta también me la follo yo
Y tal como dijo eso le metí un puñetazo que lo tiré al suelo.
Rasit me fulminó con la mirada, mientras se limpiaba la sangre de la comisura de sus labios.
- Escúchame y escúchame bien: No quiero que la toque nadie ¿te enteras? Llama al viejo, hasta que no venga su amo, yo pagaré todos los días para que ella esté libre de cualquier mierda como tú o como yo. Y esto no te lo digo como amigo.
Me gustaría relataros cada día que pasamos en el prostíbulo, pero creo que os aburriría. Por supuesto que el sexo no es aburrido, pero hay que seleccionar y eso es lo que yo voy a hacer:
De mis corridas en el prostíbulo tres de ellas me marcaron, una fue la mamada del primer día y esa ya la he narrado.
La número dos fue en una noche muy bochornosa: hacía un calor insoportable. Como siempre llegamos sobre las diez de la noche a la Casa de Calandra. Otra vez el viejo nos ofreció el té con ramilletes de hierbabuena y, como no, después de un rato de charla, volvieron a desfilar nuestras diosas.
Aquella noche había más gente que la de costumbre, supongo que por culpa del calor . No se podía conciliar el sueño, así que el mejor remedio es un buen polvo y no me digáis que no. ¿Cuantas veces vosotros si no habéis podido dormir os habéis hecho una paja y a los cinco minutos estabais roncando a pierna suelta?
- Rasit, comunícale a tu amigo que no pienso repetir mujer, que si hoy tiene muchos clientes nosotros somos los Vips, ya que cada noche venimos y le dejamos mucha pasta, así que dile que se estire.
Mi amigo habló un rato con el viejo y después éste se levantó de la mesa y me dijo que le acompañara.
Llegamos a una estancia que no había visto nunca. La alcoba era redonda y en el centro había una cama de la misma forma, con sábanas de seda negra. No había ventanas solo velas en el suelo rodeando las paredes y que iluminaban tenuemente la habitación.
Sentada encima de la cama una mujer desnuda, de tez blanca, de ojos verdes y cabello rubio.
-¿Que es esto?...¿Una rubia?
- Del Riff, señor
¡Mira por donde el viejo balbuceaba mi idioma!
-¡Pero es una niña!..¡Como te atreves viejo decrépito! Yo no voy con niñas.
- No señor, no niña ella no. Ser la preferida de Mohamed Abassi.
Se hizo un silencio. El viejo me empujaba a entrar y yo me moría de ganas por hacerlo. A los dos minutos estaba desnudo encima de la cama con ella. Era preciosa, sus ojos me encandilaron de tal manera, que esta vez no la quería follar como a cualquier puta, la quería venerar, hacerla sentir lo que sentiría una diosa, ser el perfecto amante, un caballero…..
El cabello le llegaba hasta la cintura: eran hilos dorados suaves y sedosos. Empecé las caricias por su cara, por la comisura de sus labios. Ella me miraba fijamente con una media sonrisa que no sabía descifrar.
Seguí bajando por sus pechos, y fijaros que con ella no utilizo la expresión de tetas, sería obsceno por mi parte. Al acariciar sus pezones, apoyó sus manos en la cama por detrás de la espalda tirando la cabeza y su larga melena hacia atrás y entre abrió sus piernas. ¡Dios me estaba volviendo loco!
Seguí acariciándola y cuando llegué a su monte de Venus mis dedos lo recorrieron con la misma suavidad que una madre acaricia la cara de un niño. Estaba húmeda, tan húmeda que mis dedos resbalaron hasta penetrarla, entonces ella gimió y yo me moría de placer al oírla. Seguí moviendo mis dedos poco a poco, sin pausa, pero sin prisa, mi mano chorreaba flujo tibio que me hubiera encantado beber.
Ella seguía gimiendo, y de repente se tumbó en la cama, para que la tomara, lo hubiera hecho pero quería más, quería que ella gozara. Por primera vez en mi vida no pensaba en mí. Le saque los dedos y me los metí en la boca, su sabor era afrodisiaco ni dulce ni ácido, tibio y amelado.
Me tumbé encima, ella me miró pensando que la penetraría pero yo me abaje hasta su cara y la bese en su boca entre abierta, en sus ojos, en su cuello y después baje hasta sus pecho de aureola rosada y de pequeños pezones duros y erguidos, los lamí, los succioné, los mordisqueé con dulzura.
Ella seguía gimiendo cada vez más fuerte yo ya no resistía más y la penetré pero no como lo hubiera hecho con cualquier otra, lo hice despacio haciendo que mi pene resbalara suavemente al introducirse y después, del mismo modo que había entrado, saliera.
Su cabeza se movía de un lado al otro, vi como apretaba con fuerza las sabanas, estaba llegando al éxtasis y mi polla comenzó a sentir las contracciones de su orgasmo y me corrí a la vez que mi diosa.
Me acosté a su lado y puse mi mano en su pecho, el corazón le latía a cien, su cuerpo aún temblaba la abracé con todo mi cariño hasta que se durmió.
Después salí de la habitación. Allí estaba Rasit esperando su turno.
Dándome un empujón, pues habiendo estado mirando lo sucedido, quiso entrar. Lo agarré del brazo para que no lo hiciera.
- ¡Déjala en paz! está dormida.
- ¡Ya la despertaré yo! No te preocupes a esa puta también me la follo yo
Y tal como dijo eso le metí un puñetazo que lo tiré al suelo.
Rasit me fulminó con la mirada, mientras se limpiaba la sangre de la comisura de sus labios.
- Escúchame y escúchame bien: No quiero que la toque nadie ¿te enteras? Llama al viejo, hasta que no venga su amo, yo pagaré todos los días para que ella esté libre de cualquier mierda como tú o como yo. Y esto no te lo digo como amigo.
(Continuará...)
martes, 26 de agosto de 2008
2º cap. - BOUMALEN (1ª parte)
Después de una noche inolvidable con aquella mujer, Rasit y yo recogimos y nos marchamos del campamento que tan bien nos había acogido, sobre todo a mí.
Una vez en el coche, yo me encontraba absorto en las imágenes de aquella linda muchacha, hasta que oí a mi amigo gritando mi nombre.
-¿Que ocurre Rasit? ¿Por qué coño me estás gritando?
-¿Se puede saber dónde estás? Preguntó mi amigo – Hace diez minutos que estoy hablando solo como un idiota en el coche. ¿Ya no te importa dónde vamos? ¿Ni quien va a ser nuestro guía?
-Carajo, se me olvidó, perdona tío, soy todo oídos
Rasit, con una deslumbrante sonrisa en la cara, alardeó de sus tretas para conseguir la información. Pero yo le corté tajantemente. Mi amigo era dado a alardear de cualquier cosa y no estaba dispuesto a escuchar sus memeces, hoy no.
-Al grano Rasit que me duele la cabeza, no me fastidies.
-Bueno, Bueno está bien. Tenemos una dirección y un nombre, Mohamet Abassi y la ciudad "Boumalen" en el Valle del Dadés.
¡Me fascinó!
La ciudad de Boumalen era lo más parecido a lo que uno podía imaginar en las historias de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Rodeada de montañas desérticas y rojizas, las casas también arrojaban ese tono por estar hechas con adobes. No puedo explicar cómo me sentí en aquel momento, pero fue genial.
Llegamos a lo que parecía ser el centro del pueblo y Rasit bajó del coche, para preguntar por el individuo al cual debíamos ver. Entró en el cafetín y al cabo de unos minutos salió sonriendo, buena señal pensé, pero las noticias no eran tan buenas como yo creía.
El tal Mohamet Abassi, era un ricacho que vivía en la mejor casa del pueblo, situada en lo más alto de la calle principal. Buena noticia pensé, la mala es que no se encontraba allí.
-¿Cómo que no está?. ¿Se ha marchado de viaje?. ¿Se ha muerto?. ¿Qué?
Como buen amigo, Rasit intentó calmarme, y, como no lo conseguía, me tapó la boca y me gritó:
¿Quieres hacer el favor de no ponerte histérico? Se marchó hace unas semanas para comprar mercancías y se supone que dentro de nada volverá. No es un hombre que le guste descuidar sus negocios.
-Mierda, mierda y mierda –repliqué-. ¡Joder! Podemos estar varados aquí semanas.
No se podía hacer mucha cosa en aquel pueblo, así que nos dedicamos a recorrer los prostíbulos y los cafetines de la ciudad, digo los prostíbulos pero en realidad solo había uno y propiedad de Mohamet Abassi, como casi todo en aquel sitio.
Quizás mi lenguaje les resulte obsceno, para relatar los días que pasamos con aquellas mujeres, pero no seamos falsos, los hombres por lo menos casi nunca hacemos el amor, follamos. Nunca hablamos de nuestro pene si no de nuestra polla, no acariciamos los pechos de una mujer, si no sus tetas y un gran etc. Así que al pan, pan y al vino, vino.
Cuando llegamos por primera vez a la "Casa de Calandra", que era el nombre del prostíbulo, me imaginé o lo relacioné con aquellos en los que yo había estado en mi país, sin percatarme de donde me encontraba.
Nos hicieron sentar en una sala alfombrada, nos ofrecieron té con ramilletes de hierbabuena, tabaco y otras substancias, que yo no probé, pero que a mi amigo lo volvieron loco.
Al cabo de un buen rato empezaron a desfilar mujeres que parecían odaliscas envueltas en tejidos de gasa de diferentes colores y semitransparentes. Todas parecían jóvenes y con cuerpos que le quitarían el hipo a más de uno y, entre ellas, una mujer que aún cuando sus rasgos eran delicados a su cuerpo le sobraba 100 kg. por lo menos. Rasit al verla le dio la risa tonta y yo le tuve que propinar un codazo para que se callara. El viejo anfitrión se sonrió y nos dijo "Ya la probarán, ya la probarán"
-¿Bueno cual eliges amigo?
Rasit, sin pensarlo dijo: “La de verde que es mi color preferido ¿y tú?”
-Tío menos la gorda me da igual, la de blanco mismo.
A los 5 minutos me encontraba en una alcoba con motivos propios de la tierra en la que estábamos. La mujer se desvistió de sus ropajes, era maravillosa. Su tez morena, sus ojos almendrados y negros, su larga melena, sus caderas prominentes y unas tetas impresionantes, duras y erguidas.
Mientras ella encendía un palo de sándalo para ambientar la habitación yo ya me había quitado la ropa. Me tiré encima de la cama y con gestos le hice entender que me la chupara. Estaba cansado y no me apetecía moverme mucho.
Ella se arrodillo a los pies de la cama y me señalo que debía bajar hasta donde ella se encontraba. Y eso hice. Dios que mamada, era una virtuosa chupando un falo, empezó por el culo y subía por los huevos hasta mi polla, una y otra vez, creía que iba a reventar. No quería correrme pero no aguanté más y mi polla estalló en su boca, era la mejor mamada que había tenido en mi vida.
(Continuará...)
Una vez en el coche, yo me encontraba absorto en las imágenes de aquella linda muchacha, hasta que oí a mi amigo gritando mi nombre.
-¿Que ocurre Rasit? ¿Por qué coño me estás gritando?
-¿Se puede saber dónde estás? Preguntó mi amigo – Hace diez minutos que estoy hablando solo como un idiota en el coche. ¿Ya no te importa dónde vamos? ¿Ni quien va a ser nuestro guía?
-Carajo, se me olvidó, perdona tío, soy todo oídos
Rasit, con una deslumbrante sonrisa en la cara, alardeó de sus tretas para conseguir la información. Pero yo le corté tajantemente. Mi amigo era dado a alardear de cualquier cosa y no estaba dispuesto a escuchar sus memeces, hoy no.
-Al grano Rasit que me duele la cabeza, no me fastidies.
-Bueno, Bueno está bien. Tenemos una dirección y un nombre, Mohamet Abassi y la ciudad "Boumalen" en el Valle del Dadés.
¡Me fascinó!
La ciudad de Boumalen era lo más parecido a lo que uno podía imaginar en las historias de Alí Baba y los cuarenta ladrones. Rodeada de montañas desérticas y rojizas, las casas también arrojaban ese tono por estar hechas con adobes. No puedo explicar cómo me sentí en aquel momento, pero fue genial.
Llegamos a lo que parecía ser el centro del pueblo y Rasit bajó del coche, para preguntar por el individuo al cual debíamos ver. Entró en el cafetín y al cabo de unos minutos salió sonriendo, buena señal pensé, pero las noticias no eran tan buenas como yo creía.
El tal Mohamet Abassi, era un ricacho que vivía en la mejor casa del pueblo, situada en lo más alto de la calle principal. Buena noticia pensé, la mala es que no se encontraba allí.
-¿Cómo que no está?. ¿Se ha marchado de viaje?. ¿Se ha muerto?. ¿Qué?
Como buen amigo, Rasit intentó calmarme, y, como no lo conseguía, me tapó la boca y me gritó:
¿Quieres hacer el favor de no ponerte histérico? Se marchó hace unas semanas para comprar mercancías y se supone que dentro de nada volverá. No es un hombre que le guste descuidar sus negocios.
-Mierda, mierda y mierda –repliqué-. ¡Joder! Podemos estar varados aquí semanas.
No se podía hacer mucha cosa en aquel pueblo, así que nos dedicamos a recorrer los prostíbulos y los cafetines de la ciudad, digo los prostíbulos pero en realidad solo había uno y propiedad de Mohamet Abassi, como casi todo en aquel sitio.
Quizás mi lenguaje les resulte obsceno, para relatar los días que pasamos con aquellas mujeres, pero no seamos falsos, los hombres por lo menos casi nunca hacemos el amor, follamos. Nunca hablamos de nuestro pene si no de nuestra polla, no acariciamos los pechos de una mujer, si no sus tetas y un gran etc. Así que al pan, pan y al vino, vino.
Cuando llegamos por primera vez a la "Casa de Calandra", que era el nombre del prostíbulo, me imaginé o lo relacioné con aquellos en los que yo había estado en mi país, sin percatarme de donde me encontraba.
Nos hicieron sentar en una sala alfombrada, nos ofrecieron té con ramilletes de hierbabuena, tabaco y otras substancias, que yo no probé, pero que a mi amigo lo volvieron loco.
Al cabo de un buen rato empezaron a desfilar mujeres que parecían odaliscas envueltas en tejidos de gasa de diferentes colores y semitransparentes. Todas parecían jóvenes y con cuerpos que le quitarían el hipo a más de uno y, entre ellas, una mujer que aún cuando sus rasgos eran delicados a su cuerpo le sobraba 100 kg. por lo menos. Rasit al verla le dio la risa tonta y yo le tuve que propinar un codazo para que se callara. El viejo anfitrión se sonrió y nos dijo "Ya la probarán, ya la probarán"
-¿Bueno cual eliges amigo?
Rasit, sin pensarlo dijo: “La de verde que es mi color preferido ¿y tú?”
-Tío menos la gorda me da igual, la de blanco mismo.
A los 5 minutos me encontraba en una alcoba con motivos propios de la tierra en la que estábamos. La mujer se desvistió de sus ropajes, era maravillosa. Su tez morena, sus ojos almendrados y negros, su larga melena, sus caderas prominentes y unas tetas impresionantes, duras y erguidas.
Mientras ella encendía un palo de sándalo para ambientar la habitación yo ya me había quitado la ropa. Me tiré encima de la cama y con gestos le hice entender que me la chupara. Estaba cansado y no me apetecía moverme mucho.
Ella se arrodillo a los pies de la cama y me señalo que debía bajar hasta donde ella se encontraba. Y eso hice. Dios que mamada, era una virtuosa chupando un falo, empezó por el culo y subía por los huevos hasta mi polla, una y otra vez, creía que iba a reventar. No quería correrme pero no aguanté más y mi polla estalló en su boca, era la mejor mamada que había tenido en mi vida.
(Continuará...)
viernes, 22 de agosto de 2008
1r cap. "CALHAGUARA"
1r capítulo
Esto que van a leer a continuación es un pasaje de mi vida.
Actualmente tengo 46 años. Desde pequeño había oído hablar a mis padres de las hazañas realizadas por mi abuelo. Este era un hombre valiente y emprendedor, su titulación: "Militar", comandante para más señas y vivió hasta los 45 años. Su vida fue corta pero intensa. Residió siempre en el Marruecos español, Villasanjurjo, como se le llamaba antaño, ahora Alhucemas, también en Larache, Tánger…
Cazaba jabalís, perdices, pescaba, dormía en cavilas, incluso una vez durmió en casa de un hombre que resultó ser un leproso. Combatió con valentía y un millón de historias más, que se contaban cada año por Navidades. Admiraba tanto a aquel hombre, que mi vida era un sin sentido en comparación a él.
Procedo de una familia que en su día hizo mucho dinero, sobretodo con el negocio de la construcción. Soy el pequeño de tres hermanos, el mayor es el negociante de la familia y el que dirige los negocios de papá. El mediano, “el cerebrito”, ya va por su tercera carrera y yo, la oveja negra. No me gusta estudiar ni trabajar, pero me conozco cada uno de los prostíbulos de mi ciudad, más bien dicho, de mi país. Mientras que mis hermanos fueron bendecidos por la sabiduría y el tesón a mi el Señor me bendijo en la entrepierna: Así que prefería una buena follada a un gran intelecto.
En fin, mi padre estaba desesperado con su tercer hijo y yo, aburrido, necesitaba de algo más que me sacara de mi desidia y con ello no me refiero a lo intelectual sino a lo más real, no nos engañemos: a lo carnal. Necesitaba de algo más, quizás hacer realidad mis fantasías más eróticas.
Mi mejor amigo y tan golfo como yo, era un marroquí de las tierras del Rif. Me había hablado en numerosas ocasiones de un lugar en algún sitio de África donde el sexo no tenia limites: "Calhaguara".
Desde pequeño Rasit, que es como se llamaba mi amigo, había oído hablar a sus mayores de aquel lugar, pero desconocían su ubicación exacta. Así que decidí emprender, de una vez por todas, la marcha hacia aquel lugar y le dije a mi padre que me gustaría realizar un viaje por Marruecos.
Mi padre, por supuesto, en principio se negó pero con una treta bien planificada le induje a dejarme ir: “Necesito pensar en mi futuro, necesito hacerme un hombre debo vivir al lado de los que no tienen nada para apreciar todo lo que tu me das”…. No pudo resistir a mis argumentos, supongo porque pensó que, de una vez por todas, yo maduraria y dejaría de darle quebraderos de cabeza.
Un mes después, Rasit y yo emprendíamos nuestra aventura. Preparamos un 4x4 de lujo que soportara las inclemencias del desierto y lo habilitamos con todo aquello que mi amigo estimó necesario. Después de pasar el estrecho de Gibraltar y de comprar más viveres en Ceuta, cruzamos la frontera de Marruecos. Mi adrenalina manaba por mis arterias, igual que el semen por la boca de una mujer después de una mamada.
El viaje por el desierto fue bastante pesado, el calor era insoportable durante el día y por la noche refrescaba tanto que dormíamos en sacos, dentro de unas de esas tiendas que las echas al suelo y se montan ellas mismas, Lo jodido era al día siguiente que no había quien entendiera las instrucciones para desmontarla y siempre acababa hecha un ocho en el maletero del coche.
Nuestro propósito era ir preguntando a las gentes para conocer la ubicación exacta del paraíso perdido, pero no había suerte, todos conocían su nombre pero nadie sabía como llegar. Eso sí todos coincidían que debías poseer una gran fortuna para que te aceptaran entrar, cosa que que para mi no era ningún problema, pues podia disponer de ella. Nuestro ánimo se iba mermando a medida que incrementábamos la distancia y nadie sabia darnos razón de cómo llegar a nuestro destino.
No quiero hacerme pesado relatando el viaje etapa por etapa, pues la verdadera historia aún no ha comenzado. Pero sí explicar las sensaciones que me produjo al entrar por primera vez en un zoco lleno de tiendas de un metro cuadrado cada una, de su colorido, de su aroma a especies, el ver barriles de aceitunas de todos los sabores, el vendedor de huevos que escogía uno a uno, mirando a través del Sol, para ver si estaba fecundado o no.
El asco que me dio cuando vi la primera carnicería llena de testículos y cabezas colgadas de corderos y el ruido de montones de moscas que les hacían los honores a tan preciado manjar. Pero al fondo, todo un regalo, las hogazas de pan y las “chuparquías”: unos pastelillos de miel que me volvían loco.
Un atardecer, cuando ya los estábamos dando todo por perdido, divisamos a lo lejos lo que parecía ser un grupo de beréberes. Estaban instalándose. Los camellos agrupados al lado de un pequeño oasis y empezaban a montar sus grandes tiendas.
Al principio nos recibieron con recelo, pero Rasit supo manejar la situación y nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida, incluso nos dejaron alojar en una “haima”, después de partirse de risa al ver nuestro ridícula tienda de campaña con forma de iglú. Una vez dentro de una de esas enormes tiendas, nos hicieron sentar en una alfombra, mientras las mujeres preparaban té con ramilletes de hierbabuena. No lo sirvieron ellas, pues Rasit me explicó que en estas tribus nómadas las mujeres no comparten las tiendas con los hombres.
Yo, como siempre, no había perdido el tiempo y ya me habia fijado en la apariencia de ellas. Me llamaron la atención sus grandes abalorios colgados de sus cuellos y orejas, y sus tatuajes de henna en la cara. Por lo demás nada que destacar, excepto una jovencita a quien la brisa ajustaba sus ropajes al cuerpo y se adivinaba unos pechos tersos y un culo apretado que me hizo que se me pusiera dura y a punto de estallar.
En cuanto a los hombres, lo único en lo que me fije fue en el turbante y el pañuelo de la cara: el "litham". Mi amigo, mientras, hablaba sin parar con aquella gente, pero de pronto un ángel paso y todos callaron, Rasit había pronunciado el nombre de Calhaguara. El que parecía ser el jefe rompió el silencio y siguió hablando en susurros, yo intenté, sin conseguirlo, saber qué era lo que estaba diciendo.
Cuando todos dormían le pregunté a mi amigo que coño había dicho el individuo y él con una sonrisa me contesto: “Amigo tenemos lugar y día”, y luego rompió a reír, eso sí, bien bajito, para no despertar a nadie.
No podía dormir así que salí fuera de la tienda a fumarme un cigarro, y me senté en el suelo para contemplar mejor la Luna blanca como un plato de cerámica y soñar despierto en aquel lugar. Oí un ruido tenue a mi izquierda y contemple la figura de una mujer a unos 50 metros de donde yo me encontraba: era aquella muchacha a la que le había echado el ojo unas horas antes. La seguí con la mirada y, al instante, me levanté y fui detrás de ella a paso lento.
La muchacha sabía que yo la seguía y continuó hasta llegar a un pequeño estanque de agua, donde se agacho como para mirar su rostro en sus aguas cristalinas. Aquella postura desató mis más primitivos deseos. Mi miembro viril estallaba: y decidí pasar a la acción. Llegué hasta ella y me puse de rodillas por detrás. La muchacha, en lugar de asustarse, o, por lo menos, sorprenderse, empezó a contornear su cuerpo ante mis ojos, no pude más y le subí la vestimenta hasta la cintura, sus nalgas aterciopeladas, despedían un suave reflejo de la Luna, las apreté y manoseé al igual que sus pechos turgentes y sus pezones duros y prominentes, hasta el punto de pensar que quizás le estaba haciendo daño, pero ella no se quejó. Me bajé el pantalón hasta las rodillas y la poseí como un perro salido, ella comenzó a gemir y yo.............
(Continuará.....)
Esto que van a leer a continuación es un pasaje de mi vida.
Actualmente tengo 46 años. Desde pequeño había oído hablar a mis padres de las hazañas realizadas por mi abuelo. Este era un hombre valiente y emprendedor, su titulación: "Militar", comandante para más señas y vivió hasta los 45 años. Su vida fue corta pero intensa. Residió siempre en el Marruecos español, Villasanjurjo, como se le llamaba antaño, ahora Alhucemas, también en Larache, Tánger…
Cazaba jabalís, perdices, pescaba, dormía en cavilas, incluso una vez durmió en casa de un hombre que resultó ser un leproso. Combatió con valentía y un millón de historias más, que se contaban cada año por Navidades. Admiraba tanto a aquel hombre, que mi vida era un sin sentido en comparación a él.
Procedo de una familia que en su día hizo mucho dinero, sobretodo con el negocio de la construcción. Soy el pequeño de tres hermanos, el mayor es el negociante de la familia y el que dirige los negocios de papá. El mediano, “el cerebrito”, ya va por su tercera carrera y yo, la oveja negra. No me gusta estudiar ni trabajar, pero me conozco cada uno de los prostíbulos de mi ciudad, más bien dicho, de mi país. Mientras que mis hermanos fueron bendecidos por la sabiduría y el tesón a mi el Señor me bendijo en la entrepierna: Así que prefería una buena follada a un gran intelecto.
En fin, mi padre estaba desesperado con su tercer hijo y yo, aburrido, necesitaba de algo más que me sacara de mi desidia y con ello no me refiero a lo intelectual sino a lo más real, no nos engañemos: a lo carnal. Necesitaba de algo más, quizás hacer realidad mis fantasías más eróticas.
Mi mejor amigo y tan golfo como yo, era un marroquí de las tierras del Rif. Me había hablado en numerosas ocasiones de un lugar en algún sitio de África donde el sexo no tenia limites: "Calhaguara".
Desde pequeño Rasit, que es como se llamaba mi amigo, había oído hablar a sus mayores de aquel lugar, pero desconocían su ubicación exacta. Así que decidí emprender, de una vez por todas, la marcha hacia aquel lugar y le dije a mi padre que me gustaría realizar un viaje por Marruecos.
Mi padre, por supuesto, en principio se negó pero con una treta bien planificada le induje a dejarme ir: “Necesito pensar en mi futuro, necesito hacerme un hombre debo vivir al lado de los que no tienen nada para apreciar todo lo que tu me das”…. No pudo resistir a mis argumentos, supongo porque pensó que, de una vez por todas, yo maduraria y dejaría de darle quebraderos de cabeza.
Un mes después, Rasit y yo emprendíamos nuestra aventura. Preparamos un 4x4 de lujo que soportara las inclemencias del desierto y lo habilitamos con todo aquello que mi amigo estimó necesario. Después de pasar el estrecho de Gibraltar y de comprar más viveres en Ceuta, cruzamos la frontera de Marruecos. Mi adrenalina manaba por mis arterias, igual que el semen por la boca de una mujer después de una mamada.
El viaje por el desierto fue bastante pesado, el calor era insoportable durante el día y por la noche refrescaba tanto que dormíamos en sacos, dentro de unas de esas tiendas que las echas al suelo y se montan ellas mismas, Lo jodido era al día siguiente que no había quien entendiera las instrucciones para desmontarla y siempre acababa hecha un ocho en el maletero del coche.
Nuestro propósito era ir preguntando a las gentes para conocer la ubicación exacta del paraíso perdido, pero no había suerte, todos conocían su nombre pero nadie sabía como llegar. Eso sí todos coincidían que debías poseer una gran fortuna para que te aceptaran entrar, cosa que que para mi no era ningún problema, pues podia disponer de ella. Nuestro ánimo se iba mermando a medida que incrementábamos la distancia y nadie sabia darnos razón de cómo llegar a nuestro destino.
No quiero hacerme pesado relatando el viaje etapa por etapa, pues la verdadera historia aún no ha comenzado. Pero sí explicar las sensaciones que me produjo al entrar por primera vez en un zoco lleno de tiendas de un metro cuadrado cada una, de su colorido, de su aroma a especies, el ver barriles de aceitunas de todos los sabores, el vendedor de huevos que escogía uno a uno, mirando a través del Sol, para ver si estaba fecundado o no.
El asco que me dio cuando vi la primera carnicería llena de testículos y cabezas colgadas de corderos y el ruido de montones de moscas que les hacían los honores a tan preciado manjar. Pero al fondo, todo un regalo, las hogazas de pan y las “chuparquías”: unos pastelillos de miel que me volvían loco.
Un atardecer, cuando ya los estábamos dando todo por perdido, divisamos a lo lejos lo que parecía ser un grupo de beréberes. Estaban instalándose. Los camellos agrupados al lado de un pequeño oasis y empezaban a montar sus grandes tiendas.
Al principio nos recibieron con recelo, pero Rasit supo manejar la situación y nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida, incluso nos dejaron alojar en una “haima”, después de partirse de risa al ver nuestro ridícula tienda de campaña con forma de iglú. Una vez dentro de una de esas enormes tiendas, nos hicieron sentar en una alfombra, mientras las mujeres preparaban té con ramilletes de hierbabuena. No lo sirvieron ellas, pues Rasit me explicó que en estas tribus nómadas las mujeres no comparten las tiendas con los hombres.
Yo, como siempre, no había perdido el tiempo y ya me habia fijado en la apariencia de ellas. Me llamaron la atención sus grandes abalorios colgados de sus cuellos y orejas, y sus tatuajes de henna en la cara. Por lo demás nada que destacar, excepto una jovencita a quien la brisa ajustaba sus ropajes al cuerpo y se adivinaba unos pechos tersos y un culo apretado que me hizo que se me pusiera dura y a punto de estallar.
En cuanto a los hombres, lo único en lo que me fije fue en el turbante y el pañuelo de la cara: el "litham". Mi amigo, mientras, hablaba sin parar con aquella gente, pero de pronto un ángel paso y todos callaron, Rasit había pronunciado el nombre de Calhaguara. El que parecía ser el jefe rompió el silencio y siguió hablando en susurros, yo intenté, sin conseguirlo, saber qué era lo que estaba diciendo.
Cuando todos dormían le pregunté a mi amigo que coño había dicho el individuo y él con una sonrisa me contesto: “Amigo tenemos lugar y día”, y luego rompió a reír, eso sí, bien bajito, para no despertar a nadie.
No podía dormir así que salí fuera de la tienda a fumarme un cigarro, y me senté en el suelo para contemplar mejor la Luna blanca como un plato de cerámica y soñar despierto en aquel lugar. Oí un ruido tenue a mi izquierda y contemple la figura de una mujer a unos 50 metros de donde yo me encontraba: era aquella muchacha a la que le había echado el ojo unas horas antes. La seguí con la mirada y, al instante, me levanté y fui detrás de ella a paso lento.
La muchacha sabía que yo la seguía y continuó hasta llegar a un pequeño estanque de agua, donde se agacho como para mirar su rostro en sus aguas cristalinas. Aquella postura desató mis más primitivos deseos. Mi miembro viril estallaba: y decidí pasar a la acción. Llegué hasta ella y me puse de rodillas por detrás. La muchacha, en lugar de asustarse, o, por lo menos, sorprenderse, empezó a contornear su cuerpo ante mis ojos, no pude más y le subí la vestimenta hasta la cintura, sus nalgas aterciopeladas, despedían un suave reflejo de la Luna, las apreté y manoseé al igual que sus pechos turgentes y sus pezones duros y prominentes, hasta el punto de pensar que quizás le estaba haciendo daño, pero ella no se quejó. Me bajé el pantalón hasta las rodillas y la poseí como un perro salido, ella comenzó a gemir y yo.............
(Continuará.....)
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